La relación entre el presidente Javier Milei y los gobernadores atraviesa semanas de máxima tensión. Lo que durante gran parte del primer año de gestión parecía una convivencia basada en acuerdos legislativos y silencio político empezó a resquebrajarse por una razón concreta: el ajuste nacional ya impacta directamente sobre las provincias y comienza a generar costos políticos difíciles de contener.
En los últimos días, distintos mandatarios provinciales quedaron en alerta luego de que el Gobierno nacional avanzara con el freno de obras públicas consideradas estratégicas para el interior del país. El recorte afecta rutas nacionales, proyectos hídricos, viviendas y obras de infraestructura vinculadas a producción, transporte y servicios básicos.
En Tucumán, una de las principales preocupaciones gira alrededor de la paralización de obras sobre la Ruta Nacional 38 y proyectos vinculados al sistema hídrico provincial, claves para el abastecimiento de agua y el desarrollo productivo del NOA. La situación se repite en otras provincias que hasta hace pocos meses mantenían un vínculo relativamente estable con la Casa Rosada.
Déficit cero y ajuste: el eje del conflicto entre Nación y las provincias
El trasfondo del conflicto tiene un nombre propio: déficit cero. El ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene que el Gobierno no está dispuesto a reactivar partidas para obra pública porque considera que muchas de ellas eran “gastos improductivos” financiados por el Estado nacional.
La lógica libertaria apunta a que cada provincia consiga inversiones privadas o se haga cargo de sus propios proyectos. Sin embargo, en la práctica, varios gobernadores comenzaron a advertir que el ajuste tiene consecuencias cada vez más visibles.
La caída de la actividad económica redujo la recaudación provincial, mientras que la paralización de obras afecta empleo, consumo y movimiento económico local. En algunas provincias, incluso, empiezan a aparecer reclamos de cámaras empresarias y sectores de la construcción por despidos y freno de actividades.
Crece la tensión política entre Milei y los gobernadores
La tensión también creció por el cambio de tono del oficialismo. Desde el entorno presidencial acusan a los gobernadores de “querer seguir viviendo del Estado” y de utilizar recursos nacionales para sostener estructuras políticas.
Del otro lado, algunos mandatarios empiezan a deslizar críticas públicas que hace meses evitaban para no romper la relación con Nación. El escenario quedó todavía más expuesto durante las negociaciones legislativas y en medio de la discusión por el financiamiento universitario, donde varios gobernadores quedaron presionados entre acompañar el ajuste nacional o responder a demandas sociales cada vez más fuertes dentro de sus provincias.
En la Casa Rosada saben que el vínculo con los gobernadores sigue siendo clave para sostener gobernabilidad en el Congreso. Pero también entienden que el conflicto forma parte de la identidad política de Milei: confrontar con las provincias, los sectores estatales y las estructuras tradicionales como forma de consolidar su núcleo duro de apoyo.
El impacto del ajuste ya se siente en el interior del país
Mientras tanto, en el interior del país crece una sensación cada vez más concreta: el ajuste ya no es solamente un discurso económico de Buenos Aires, sino una realidad que empieza a sentirse en rutas paralizadas, universidades desfinanciadas y economías regionales golpeadas.




