Bolivia no encuentra la salida: más de 90 cortes de ruta y un diálogo que cuelga de un hilo

Veinticinco días de bloqueos, más de 90 cortes de carreteras en todo el país y una crisis de desabastecimiento que ya afecta alimentos, combustible, medicamentos y hasta oxígeno medicinal. Así está Bolivia hoy, atrapada en una de las crisis políticas más agudas desde que Rodrigo Paz asumió la presidencia en noviembre del año pasado.

Un llamado que nadie terminó de aceptar

El Legislativo boliviano, la Iglesia católica y la Defensoría del Pueblo convocaron a un nuevo intento de diálogo entre el Gobierno de Paz y los sectores que exigen su renuncia, con una reunión prevista para este domingo en el Seminario San Jerónimo, en La Paz. La iniciativa partió desde la oficina del vicepresidente y titular de la Asamblea Legislativa, Edmand Lara, pero la respuesta de los principales actores del conflicto fue esquiva. 

La COB informó la suspensión de su participación en el encuentro «por razones de seguridad», sin dar una nueva fecha. Los dirigentes campesinos, por su parte, dejaron la decisión en manos de sus bases. Y los sectores más radicales, vinculados al expresidente Evo Morales, fueron directos: rechazan cualquier negociación y solo aceptan la renuncia de Paz. 

¿Por qué se llegó hasta acá?

Campesinos, la Central Obrera Boliviana y organizaciones afines a Morales acusan al Gobierno de incumplir promesas y de intentar privatizar empresas y servicios públicos, cargos que las autoridades niegan. Los bloqueos arrancaron el 6 de mayo y desde entonces no hicieron más que extenderse: de La Paz y El Alto al resto del país, sumando Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz.

Un dato que grafica la gravedad del momento: cientos de médicos marcharon en el centro de La Paz para denunciar la escasez aguda de medicinas y alimentos que afecta a sus pacientes. La imagen de trabajadores de la salud en bata blanca coreando «¡Para los pacientes, oxígeno y comida!» resume mejor que cualquier estadística lo que está viviendo la población.

Dirigentes detenidos y condiciones para sentarse a hablar

El clima se tensó todavía más cuando el secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, y el líder de la Federación Departamental de Campesinos ‘Tupac Katari’, Vicente Salazar, fueron acusados de terrorismo e instigación pública a delinquir. Ambos quedaron libres tras una decisión judicial, pero los sectores movilizados condicionaron su presencia en cualquier mesa de diálogo a la anulación de todas las órdenes de detención contra sus referentes. 

Un gobierno que busca salidas sin encontrarlas

A mediados de mayo, Paz anunció un cambio de gabinete y la creación del Consejo Económico y Social para abrir mesas de diálogo con los manifestantes, pero los sectores movilizados no se sumaron. El intento quedó en la nada.

Bolivia está hoy en una encrucijada: un gobierno que busca negociar sin lograr que sus interlocutores se sienten, y una oposición en las calles que endurece sus condiciones cada día que pasa. El comunicado de los mediadores lo reconoció sin rodeos: «La ausencia de diálogo solo profundiza las diferencias y posterga las soluciones que demanda el pueblo boliviano.» Por ahora, esa advertencia parece caer en el vacío.