El próximo Mundial 2026 no solo va a ser enorme por los 48 equipos y las tres sedes (Estados Unidos, México y Canadá), sino porque va a patear el tablero del reglamento. La IFAB y la FIFA se cansaron del «antifútbol» y meten mano con cambios drásticos para que se juegue más y se discuta menos.

Las cuatro reformas clave que vas a ver en la Copa del Mundo

1. Chau a los arqueros «hace-tiempo»: Se terminó la avivada de quedarse con la pelota en las manos para congelar el partido. El control del reloj para los arqueros va a ser milimétrico.

2. Salidas express en los cambios: El jugador que sea reemplazado va a tener un máximo de 10 segundos para salir de la cancha. Si se hace el distraído y estira el tiempo, el compañero que entra va a tener que esperar un minuto entero afuera antes de ingresar. Castigo directo para los que buscan enfriar el partido.

3. Un VAR todopoderoso: El videoarbitraje amplía sus facultades. Ahora va a poder meterse en jugadas que antes tenía prohibidas, como revisar segundas amarillas que terminen en expulsión por error de identidad, corregir a qué jugador se sancionó y hasta intervenir en goles que vinieron de un córner mal cobrado.

4. El «VAR simplificado»: Se viene una versión más ágil y menos burocrática de la tecnología, pensada para que las revisiones no corten tanto el ritmo del juego.

¿Cuáles van a ser las repercusiones reales en la cancha?

Los agarrones y las avivadas en el área antes de un centro van a bajar drásticamente porque ahora sí te están filmando. La contracara es el riesgo de que el juego se vuelva más lento si los árbitros abusan de las revisiones en cada pelota parada. Sin embargo, se terminan las injusticias por segundas amarillas insólitas porque el VAR ahora sí va a poder salvar al jugador de irse a las duchas antes de tiempo.

La gran revolución viene de la mano del Football Video Support (FVS), el sistema de «VAR simplificado» con menos cámaras. La gran diferencia es que le traslada la responsabilidad a los directores técnicos, quienes van a poder pedir un par de «desafíos» por partido (estilo tenis o hockey). Si el técnico pide la revisión y tiene razón, mantiene el derecho; si se equivoca, lo pierde.