La campaña presidencial en Perú entra en su tramo decisivo y las últimas encuestas muestran una competencia extremadamente ajustada. Según los sondeos más recientes, Roberto Sánchez logró una pequeña ventaja sobre Keiko Fujimori, aunque la diferencia se mantiene dentro de un margen que no permite anticipar un resultado definitivo.

El crecimiento de Sánchez aparece vinculado a una estrategia orientada a consolidar apoyos entre sectores progresistas, movimientos sociales y votantes que buscan evitar un nuevo gobierno del fujimorismo. En los últimos días, el candidato intensificó los llamados a la unidad de las fuerzas democráticas y de izquierda para enfrentar a la principal referente de la derecha peruana.

Por su parte, Fujimori mantiene un núcleo electoral sólido y apuesta a captar a los sectores preocupados por la seguridad, la estabilidad económica y el desgaste de los partidos tradicionales. Su campaña también busca atraer a votantes moderados que todavía no definieron su posición de cara al balotaje.

Los analistas coinciden en que el número de indecisos y el voto en blanco podrían desempeñar un papel decisivo en una elección que se perfila como una de las más reñidas de los últimos años.

El escenario refleja además la profunda polarización política que atraviesa Perú, un país que en la última década experimentó una fuerte inestabilidad institucional, cambios constantes de gobierno y una creciente desconfianza hacia la dirigencia política.

Más allá de quién resulte vencedor, el próximo presidente enfrentará desafíos complejos vinculados a la gobernabilidad, la recuperación económica y la reconstrucción de la confianza ciudadana en las instituciones.

Con la votación cada vez más cerca, la disputa sigue abierta y cada punto porcentual puede resultar determinante. Por ahora, Sánchez aparece levemente por delante, pero la definición continúa siendo una de las más inciertas del panorama político latinoamericano.