Arabia Saudita y Estados Unidos llevaron adelante un ataque coordinado contra posiciones de milicias proiraníes en Irak, en una operación que profundiza la escalada militar en Medio Oriente y aumenta el riesgo de una expansión del conflicto en la región.

La ofensiva estuvo dirigida contra objetivos vinculados a grupos armados respaldados por Irán, a los que Washington y Riad responsabilizan de ataques recientes contra intereses estadounidenses y aliados en el Golfo.

Según fuentes oficiales, la operación buscó debilitar la capacidad operativa de estas organizaciones y enviar una señal de disuasión frente a la creciente actividad de las milicias en territorio iraquí.

El ataque se produce en un contexto de máxima tensión entre Estados Unidos e Irán, marcado por intercambios militares, amenazas cruzadas y enfrentamientos indirectos a través de grupos aliados en distintos países de Medio Oriente.

Desde Bagdad, el gobierno iraquí expresó preocupación por las operaciones militares desarrolladas en su territorio y reiteró su llamado a preservar la soberanía nacional y evitar que el país vuelva a convertirse en escenario de disputas entre potencias extranjeras.

Por su parte, Teherán condenó la ofensiva y advirtió que cualquier nueva agresión tendrá consecuencias, mientras las milicias proiraníes prometieron responder a los ataques.

La nueva intervención conjunta entre Washington y Riad confirma el fortalecimiento de la cooperación militar entre ambos países en un momento de creciente inestabilidad regional, con el estrecho de Ormuz, Irak y el Golfo Pérsico como principales focos de tensión.

Analistas internacionales advierten que la continuidad de estas acciones militares incrementa el riesgo de un conflicto regional de mayor escala, con posibles consecuencias sobre la seguridad internacional y los mercados energéticos.