Las protestas se multiplican por los cortes de luz, los bajos salarios, los reclamos por elecciones y la situación de María Corina Machado. El malestar social reaparece después de meses de silencio político.

Las calles de Venezuela volvieron a convertirse en escenario de protestas. Durante septiembre, trabajadores, familiares de presos políticos, estudiantes y vecinos salieron a reclamar por los apagones, los salarios, los servicios públicos y la falta de un calendario electoral.

Los cortes de electricidad se convirtieron en uno de los principales detonantes. En distintas ciudades del interior, los habitantes denuncian interrupciones que pueden extenderse durante 10 o 12 horas diarias, mientras el deterioro de los servicios básicos se suma a una situación económica que continúa afectando los ingresos de los hogares.

El fenómeno marca un cambio respecto del período posterior a la crisis política de enero. Según el Observatorio de Conflictividad Social, en 2025 se registraron apenas 160 manifestaciones, mientras que durante 2026 ya se contabilizaron cerca de 4.200 protestas. Solo en agosto hubo más de 650, casi un tercio de ellas relacionadas con los cortes de electricidad.

Reclamos que vuelven a ocupar el espacio público

En Caracas, trabajadores sindicalizados y familiares de personas detenidas por motivos políticos marcharon para reclamar mejoras salariales, elecciones presidenciales y la liberación de los presos políticos.

Los reclamos también se extendieron a otros estados. En Guayana, trabajadores de empresas estatales instalaron barricadas para exigir mejores ingresos. En Zulia, un contingente militar bloqueó el paso de una movilización de trabajadores en el puente sobre el Lago de Maracaibo.

El dirigente sindical Carlos Salazar señaló que los salarios y las pensiones permanecen congelados desde hace años y que fueron reemplazados en buena medida por bonos. A ese reclamo sumó la recuperación de los servicios públicos y el pedido para que se permita el regreso de María Corina Machado.

El regreso de María Corina Machado

La situación de la dirigente opositora se convirtió en otro de los ejes de las movilizaciones.

Machado se encuentra fuera de Venezuela desde diciembre y durante las últimas semanas realizó varios intentos fallidos para regresar al país. Según sus colaboradores, distintos vuelos y alternativas de traslado fueron frustrados.

Washington niega que exista un veto para su regreso, mientras sectores opositores sostienen que la situación depende de decisiones tomadas por Estados Unidos. El escenario se volvió todavía más complejo después del acercamiento entre la administración de Donald Trump y el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.

En distintas ciudades venezolanas, seguidores de Machado organizaron caravanas y movilizaciones para exigir que pueda regresar y participar del proceso político.

Una protesta con reclamos diversos

Uno de los cambios que observan los especialistas es la combinación de demandas. Las movilizaciones ya no se concentran exclusivamente en cuestiones electorales o políticas: los reclamos por electricidad, salarios, derechos humanos y elecciones comienzan a confluir en las mismas protestas.

Marco Ponce, director del Observatorio de Conflictividad Social, sostiene que la sociedad venezolana está recuperando la capacidad de ocupar el espacio público después del período de fuerte represión que siguió a las elecciones de 2024. También destaca que los manifestantes identifican con mayor precisión los lugares donde se toman las decisiones y buscan dirigirse directamente hacia ellos.

En Caracas, por ejemplo, trabajadores y familiares de detenidos intentaron acercarse a espacios vinculados con la representación estadounidense en el país. La policía desalojó algunas de esas concentraciones.

El nuevo escenario muestra una Venezuela en transición política, pero con una población que continúa esperando que los cambios institucionales se traduzcan en mejoras concretas en la vida cotidiana. Mientras las negociaciones entre el Gobierno y distintos sectores de la oposición avanzan, los apagones, los bajos ingresos y la incertidumbre sobre las elecciones mantienen el malestar en las calles.