Israel vota entre Netanyahu y una oposición con fuerte impronta militar

Los comicios se celebran por primera vez desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Las encuestas anticipan una disputa ajustada, mientras el primer ministro enfrenta tensiones con sus socios ultraortodoxos y nacionalistas y la oposición busca capitalizar el desgaste del oficialismo.

Israel celebra este martes sus elecciones parlamentarias en un escenario atravesado por los conflictos regionales, la polarización social y las disputas internas del gobierno. Benjamin Netanyahu busca continuar en el poder, mientras una coalición opositora encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot intenta desplazarlo.

El Likud, partido del primer ministro, apuesta a conservar su alianza con sectores de la derecha nacionalista y partidos ultraortodoxos. Del otro lado, el bloque opositor reúne a fuerzas de centroderecha y de izquierda, aunque mantiene una orientación centrada en la seguridad y la capacidad militar de Israel.

Una elección marcada por la guerra

Los ataques de Hamás de octubre de 2023, que dejaron alrededor de 1.200 israelíes muertos y 251 personas secuestradas, profundizaron las tensiones políticas y sociales. La ofensiva israelí posterior sobre Gaza generó denuncias de graves violaciones de derechos humanos y acusaciones de genocidio por parte de especialistas y organizaciones internacionales.

A ese escenario se sumaron la guerra con Irán, la ocupación del sur del Líbano y las operaciones militares en Cisjordania. En plena campaña, Netanyahu volvió a poner el foco en la supuesta amenaza nuclear iraní y reivindicó su relación con el presidente estadounidense Donald Trump.

Los sondeos publicados antes de la votación muestran una contienda ajustada: los partidos opositores reunirían entre 52 y 56 escaños, frente a unos 50 de la coalición gobernante. Ninguno de los bloques alcanzaría por sí solo los 61 escaños necesarios para formar gobierno en la Knéset, el Parlamento israelí.

Netanyahu enfrenta presiones de sus aliados

Pese a reivindicar su experiencia en materia de seguridad, Netanyahu llega a las urnas con diferencias dentro de su propia coalición. Los partidos ultraortodoxos amenazan con retirarle su apoyo por las detenciones de jóvenes jaredíes que evaden el servicio militar.

A su vez, Itamar Ben Gvir, líder de Poder Judío y ministro de Seguridad Nacional, cuestionó al primer ministro por no garantizarle el control del Ministerio de Defensa en caso de una nueva victoria oficialista.

Ben Gvir protagonizó otra controversia al ingresar a la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén Este, junto a referentes ultranacionalistas. La visita fue condenada por autoridades palestinas y Hamás, que la calificaron como una provocación y una maniobra electoral.

La oposición apuesta a la investigación del 7 de octubre

El principal referente opositor, Gadi Eisenkot, centra su campaña en dos compromisos: impulsar una investigación independiente sobre las fallas de seguridad que precedieron a los ataques de Hamás y terminar con las exenciones al servicio militar para los ultraortodoxos.

Aunque cuestiona la gestión de Netanyahu, su bloque también sostiene una postura de fuerte impronta militar. Las propuestas que plantean cambios respecto de la ocupación de Cisjordania y la devastación de Gaza tienen mayor presencia en las listas que representan a la población árabe de Israel.

El voto árabe puede definir las negociaciones

La Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida podrían obtener alrededor de 14 escaños, de acuerdo con las encuestas previas. Su representación podría resultar decisiva si los principales bloques no consiguen una mayoría parlamentaria.

Sin embargo, tanto el oficialismo como la oposición han descartado incorporar partidos árabes a sus coaliciones. En un Parlamento sin mayorías claras, esa posición podría complicar las negociaciones y prolongar la incertidumbre sobre la formación del próximo gobierno.

La votación definirá mucho más que la continuidad de Netanyahu: también pondrá a prueba la cohesión de la derecha israelí, el peso de los partidos religiosos y la capacidad de la oposición para construir una mayoría en medio de un escenario regional marcado por la guerra.