En La Ciudadela, todo estaba preparado para que San Martín alcanzara la cima de la zona A. Los fanáticos llegaron entusiasmados al estadio y el ambiente previo parecía perfecto. El “santo” solo tenía que confirmar su buen rendimiento de las últimas veces.

Sin embargo, toda esa euforia en las gradas, la adrenalina de la victoria y la efervescencia popular terminaron jugando en contra de un equipo que se sintió incómodo durante casi todo el partido. Fue todo lo contrario.

Los dirigidos por Pablo Frontini fallaron cuando no tuvieron convicción, justo en el momento en que necesitaban dar ese paso importante para reafirmar sus creencias. Y eso que San Martín comenzó bien el partido. Antes de los 10 minutos, ya habían generado algunas oportunidades con pases precisos, intentando dejar a sus delanteros mano a mano con el arquero de Estudiantes de Río Cuarto. Pero no tuvieron éxito. Las deficiencias en los metros finales y la presión proveniente de las gradas sumergieron al equipo en un torbellino mental que no ayudó. Además, el “león” tenía un plan bien estudiado, ejecutándolo a la perfección para cerrarle todos los caminos al equipo local.

Con el transcurso de los minutos, el “santo” se fue apagando. A diferencia de lo ocurrido el domingo pasado contra Defensores de Belgrano, en esta ocasión la estrategia del entrenador no funcionó en absoluto.

Mauro Verón y sus compañeros estuvieron demasiado acelerados, y a Iván Molinas le faltó lucidez para controlar el mediocampo. Además, Leonel Bucca, incansable en la recuperación, tuvo dificultades con el balón en los pies. Esto dejó a Emanuel Dening muy aislado en el ataque, exactamente lo que Frontini señaló como uno de los errores del equipo cuando llegó a Bolívar y Pellegrini.

En la primera mitad, San Martín fue dueño absoluto del balón, del terreno y de las acciones. Sin embargo, su dominio en el juego no se tradujo en el resultado deseado debido a la falta de resolución y eficacia.

Si el primer tiempo fue complicado para el “santo”, el complemento fue aún peor. Estudiantes se conformó con asegurar el marcador y se fue acercando cada vez más a Franco Petroli, mientras que San Martín perdió toda claridad en sus ideas.

El equipo estuvo más acelerado, desesperado y cometió más errores. Se dejó llevar por el juego impuesto por la visita y olvidó apostar a lo que le había dado buenos resultados en los últimos enfrentamientos.

Para colmo, la suerte no estuvo de su lado. Cuando tuvo oportunidades claras para vencer al arquero visitante, surgió un imprevisto, como el remate rasante de Gervasio Núñez al final, que encontró la pierna de Agustín Colazo en su camino hacia la red.

Lo positivo de la noche fue que San Martín mostró protagonismo y sed de victoria. Siempre fue al frente, a pesar de las limitaciones. Esto quedó demostrado en la despedida que recibió el equipo al abandonar el campo.

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