En su segundo mandato, Donald Trump está empujando una agenda migratoria que roza lo inhumano. El ICE, potenciado con plata a rolete, recluta agentes a lo loco y acelera deportaciones, pero choca con rechazos judiciales y denuncias por violencia. Esto no solo es ineficiente, sino que pisotea derechos básicos. Acá te desgloso por qué es un desastre.

Presupuesto millonario que fomenta el caos

Trump inyectó 76.000 millones de dólares al ICE para los próximos años, una barbaridad que se usa para contratar 10.000 agentes nuevos, comprar aviones y agrandar centros de detención. En un mes, más de 120.000 aplicaron, tentados por bonos de 50.000 dólares y condonaciones de deudas. Pero para apurar, bajaron requisitos como límites de edad y entrenamiento en español, lo que alerta a expertos como Ariel Ruiz Soto del Migration Policy Institute: esto puede llevar a abusos y operaciones peligrosas, violando derechos humanos de migrantes que no son criminales.

Deportaciones récord que ignoran el sufrimiento humano

Desde enero, el ICE deportó 200.000 personas, y sumando todo, van 350.000 expulsiones este año. Apuntan a un millón, pero están lejos, y para llegar, promueven redadas indiscriminadas. Empresas privadas de vuelos chárter, como GlobalX y Avelo, se llenan los bolsillos con estos traslados forzados. Blas Nuñez-Neto, exfuncionario de Biden, lo dice claro: estas metas irrealistas llevan a deportar inocentes, algo que la mayoría de los yanquis rechaza según encuestas. Es una política cruel que prioriza números por sobre familias destrozadas.

Reveses y violencia: el lado oscuro de la represión

La estrategia trumpista sufre golpes, como el fallo de una jueza que frenó deportaciones aceleradas en todo el país, protegiendo el debido proceso. Encuestas de Pew muestran que el 47% desaprueba este enfoque, y el 54% rechaza redadas en workplaces. Activistas denuncian tácticas violentas, con 121 agresiones a agentes, pero el foco está en el agotamiento del personal y posibles abusos. En ciudades como Chicago, planean operativos masivos que huelen a paramilitarismo, como advierte Ezra Klein. Esto no resuelve nada, solo genera miedo y divide más a la sociedad.