Las alarmas están encendidas en el Ministerio de Salud. Más allá del debate sobre los movimientos «antivacunas», las estadísticas revelan una realidad preocupante: la caída de la vacunación en Argentina es generalizada y estructural. Si bien el 2024 mostró algunas mejoras tímidas respecto al año anterior, las coberturas continúan lejos del nivel óptimo, especialmente en los refuerzos escolares de los 5 años, donde el desplome es drástico.

Este fenómeno, confirmado por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y organismos internacionales, tiene una consecuencia directa y peligrosa: la reemergencia de enfermedades que creíamos olvidadas, como la tos convulsa.

Números en rojo: el desplome de los refuerzos

Los datos oficiales son contundentes. La primera dosis de la Triple Viral (sarampión, rubéola y paperas) muestra una leve baja, pasando del 86,2% en 2019 al 83,2% en 2024. Sin embargo, el problema grave está en la segunda etapa. El refuerzo de Triple Viral para el ingreso escolar cayó del 84,2% (pre-pandemia) a un alarmante 46,7% en 2024.

Lo mismo ocurre con la poliomielitis: mientras la dosis de los 6 meses se mantiene en niveles aceptables, el refuerzo de los 5 años se derrumbó del 84,4% al 47,6% en el mismo período. En la adolescencia, el panorama no mejora: la vacunación contra el VPH cayó más de 30 puntos tanto en mujeres como en varones.

¿Por qué nos vacunamos menos?

Las autoridades y especialistas coinciden en que la caída de la vacunación en Argentina no se explica por una sola causa, sino por un «cóctel» de factores:

  • Baja percepción de riesgo: Generaciones enteras que nunca vieron un caso de sarampión o polio no ponderan la importancia de prevenir.
  • Pobreza y acceso: Con casi la mitad de los chicos bajo la línea de pobreza, las barreras logísticas y económicas pesan.
  • Efecto post-pandemia: El desgaste social y la desconfianza en el sistema de salud tras el COVID-19.
  • Fallas territoriales: Disminución de campañas activas (vacunación casa por casa o en escuelas).

Alejandra Gaiano, infectóloga pediatra de la SAP, advierte que las vacunas son «víctimas de su propio éxito». Al eliminar enfermedades, la gente deja de verlas como una amenaza real, abriendo la puerta a su regreso.

El regreso de viejos enemigos

La consecuencia de esta «fragilidad inmunológica colectiva» ya es visible. Un ejemplo claro es el brote de coqueluche (tos convulsa). En 2025 se confirmaron 765 casos, un incremento del 300% respecto al año anterior.

La Región Centro, y especialmente la provincia de Buenos Aires, concentran la mayor cantidad de contagios. Desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recuerdan que estamos en un momento crítico: América perdió este año el estatus de zona libre de sarampión endémico. La recomendación médica es urgente y clara: completar los esquemas es la única barrera efectiva para frenar el retroceso sanitario.