La desaceleración de la inflación en abril dejó un dato que, lejos de traer alivio, expone el fuerte deterioro social. Según un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (Ietse), el freno en los precios no responde a una recuperación económica, sino a una caída abrupta del consumo por falta de poder adquisitivo.

El relevamiento indicó que el IPC subió 2,6% en abril, 0,7 puntos menos que en marzo. Sin embargo, detrás de ese número aparece una realidad preocupante: el 56,8% de las familias no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria, que ya supera el millón de pesos y se ubicó en $1.029.591.

Además, el estudio reveló que incluso entre los hogares que logran acceder a alimentos, el 71,4% necesita asistencia estatal para sostener la comida diaria.

El informe también advierte sobre situaciones cada vez más extremas. Un 11,4% de los encuestados aseguró que redujo su alimentación a una sola comida por día, mientras que más de la mitad de las familias eliminó la cena para ajustar gastos.

En paralelo, el endeudamiento para comprar alimentos se volvió una práctica generalizada. El 88% de los hogares recurre a tarjetas, préstamos, fiado o crédito informal para poder abastecerse, aunque muchos ya enfrentan límites financieros y problemas de morosidad.

Los datos corresponden a una encuesta realizada en abril sobre 2.500 casos en distintos sectores socioeconómicos de Córdoba. En ese contexto, también se registró una caída del 8,5% interanual en el volumen de ventas de alimentos, una señal clara de que las familias compran menos productos, aunque gasten más dinero.