La candidatura de Rafael Grossi para convertirse en próximo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a generar movimientos políticos y diplomáticos tanto dentro como fuera de Argentina.
Aunque el gobierno de Javier Milei impulsa activamente su postulación, el actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica intenta evitar quedar identificado exclusivamente con las derechas internacionales.
Grossi ganó protagonismo global por su participación en las negociaciones vinculadas al programa nuclear iraní, un rol que fortaleció su perfil dentro del sistema multilateral. Sin embargo, su camino hacia la conducción de la ONU aparece atravesado por distintos desafíos políticos.
Uno de los principales obstáculos es el contexto argentino. Mientras el gobierno nacional mantiene fuertes críticas hacia organismos internacionales y cuestiona la Agenda 2030, la Cancillería argentina trabaja activamente para instalar la figura del diplomático en la escena global.
La cercanía con la gestión libertaria genera ruido dentro de Naciones Unidas. Algunos sectores observan con preocupación el alineamiento de Argentina con figuras como Donald Trump, además de los respaldos que Grossi recibe desde potencias como Estados Unidos y Rusia.
En paralelo, el diplomático busca construir una imagen de moderación frente a otras posibles candidatas, como Michelle Bachelet y Rebeca Grynspan, vinculadas a espacios progresistas dentro del escenario internacional.
Otro punto sensible es la situación financiera de Argentina ante organismos multilaterales. El país mantiene atrasos en distintos aportes internacionales, incluida la ONU, en un contexto donde el organismo también enfrenta dificultades económicas.
Además, el conflicto diplomático con el Reino Unido por la cuestión Malvinas podría influir en la postura de algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, claves para definir cualquier candidatura.
En medio de un escenario internacional marcado por fuertes tensiones ideológicas, Rafael Grossi intenta sostener un perfil autónomo y equilibrado. La gran incógnita es si podrá mantener esa estrategia mientras Argentina profundiza su confrontación con parte del sistema multilateral.




