Javier Milei volvió a defender su renovada ofensiva por la soberanía de las Islas Malvinas y rechazó que el tema haya sido instalado por motivos electorales. Durante una entrevista, el Presidente cuestionó con dureza a quienes interpretan el cambio de posición como una estrategia de campaña y calificó esa lectura como una “estupidez mayúscula”.
Según explicó, la decisión de reactivar el reclamo argentino se originó en los dichos de Donald Trump sobre la posibilidad de revisar la posición de Estados Unidos respecto de Malvinas. El mandatario estadounidense había señalado a fines de agosto que revisaba permanentemente sus posiciones, incluida la relacionada con el archipiélago.
El argumento de Milei
El Presidente aseguró que la nueva política no surgió de una decisión electoral de último momento, sino que forma parte de una estrategia que, según afirmó, su Gobierno viene desarrollando desde hace tres años.
En ese marco, defendió el alineamiento estratégico de la Argentina con Estados Unidos y sostuvo que esa relación puede utilizarse como herramienta de presión. La apuesta oficial combina diplomacia, sanciones contra empresas que operen en la zona sin autorización argentina y presión sobre compañías petroleras para intentar modificar el escenario alrededor de la explotación de recursos.
El Gobierno ya anunció sanciones y medidas contra empresas vinculadas con proyectos petroleros en el área de Malvinas, además de un proyecto de ley para ampliar las restricciones.
El contraste con Thatcher
El nuevo discurso presidencial sobre Malvinas también vuelve a poner sobre la mesa una de las principales contradicciones señaladas en torno a la postura de Milei: su histórica admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982.
Mientras Milei busca presentarse ahora como un defensor de la soberanía argentina, su reivindicación de la figura de Thatcher forma parte de su trayectoria política y discursiva.
La Casa Rosada, por su parte, sostiene que el objetivo es fortalecer el reclamo soberano y utilizar los recursos económicos y diplomáticos disponibles para condicionar la explotación de recursos naturales en el Atlántico Sur.
La cuestión Malvinas volvió así al centro de la agenda presidencial, en un escenario marcado por las elecciones, el vínculo con Estados Unidos y el interés económico sobre los recursos petroleros de la cuenca.




