En el marco de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva brindó un encendido discurso centrado en la defensa de la soberanía nacional, el rechazo a la injerencia extranjera y la necesidad de profundizar el multilateralismo. La presentación del mandatario tuvo lugar a menos de dos semanas de los comicios presidenciales fijados para el 4 de octubre.
Durante su intervención, el líder del Planalto alertó sobre los intentos de actores externos por condicionar la voluntad popular y desacreditar el sistema electoral, en medio de un escenario de fuerte polarización política.
Rechazo a la militarización y a la tutela extranjera
Uno de los puntos centrales de su exposición fue el cuestionamiento al rol de las grandes potencias en América Latina. «Brasil no es el patio trasero de nadie», enfatizó el jefe de Estado al fijar postura frente al despliegue de seguridad impulsado por la administración estadounidense en la región.
Respecto al combate contra el crimen organizado y el narcotráfico, Lula fue categórico al marcar los límites de la cooperación internacional: «No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas. Necesitamos cooperación», sentenció, descartando la presencia militar extranjera como respuesta a las problemáticas locales.
La disputa electoral y las críticas al orden global
El escenario político interno atravesó de lleno la alocución presidencial. Sin nombrar de forma explícita a su rival Flávio Bolsonaro ni a Donald Trump, Lula advirtió sobre campañas de desinformación respaldadas por sectores de la derecha internacional que buscan interferir en los resultados electorales.
Asimismo, el mandatario brasileño renovó sus críticas a la arquitectura de los organismos multilaterales, exigiendo una reforma urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para garantizar una representación genuina de los países emergentes en la toma de decisiones globales.



