A sus 83 años, Isabel Allende se consagró ganadora de la 75ª edición del Premio Planeta, obteniendo la histórica recompensa de un millón de euros. El máximo galardón literario le fue concedido por La hora antes del alba, la secuela directa de su obra cumbre, La casa de los espíritus (1982), clásico fundacional que la consolidó como la principal referente femenina del realismo mágico y una superventas indiscutida a nivel internacional.
El anuncio sacudió el tablero de la industria del libro al marcar también el fichaje estelar de Allende por el Grupo Planeta, distanciándose de Penguin Random House, el sello que editó gran parte de su prolífica producción.
El retorno de Alba Trueba y las memorias del terror dictatorial
La nueva entrega rescata a los personajes emblemáticos de la saga familiar a través de la mirada de Alba Trueba, quien regresa a la casona de su infancia tras sobrevivir a las torturas perpetradas por el régimen de facto. La protagonista reconstruye así los años más oscuros y violentos del país.
“Esta novela es el cierre del universo complejo de los personajes de ‘La casa de los espíritus’. Es la historia de Alba, la nieta, en los años del terror”, precisó la autora chilena nacida en Lima en 1942, dando un desenlace testimonial al ciclo de la familia Trueba.
Ovación real y un enérgico llamado de alerta por la democracia
La novelista recogió la distinción en Barcelona de manos de los reyes Felipe VI y Letizia, rodeada por el aplauso unánime del auditorio. Con más de 70 millones de copias vendidas y 30 títulos traducidos a cuarenta lenguas, Allende admitió su asombro ante el reconocimiento popular.
En su alocución, la autora radicada en California vinculó la atmósfera de la trama con las tensiones políticas actuales: “Cuando veo tantas democracias amenazadas por el autoritarismo, el nacionalismo extremo e incluso el fascismo, vuelvo a sentir el temor que me obligó a salir de mi país después del golpe militar de 1973”.
Frente al debate en torno a su candidatura, la escritora reconoció que era la primera vez que enviaba una obra a un certamen: “Nunca me había presentado a un concurso para evitar la humillación de quedar a la cola. Por eso esto tiene un significado inmenso para mí”, remató con su habitual frescura.




