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El Santo perdía 2-0, reaccionó en el tramo final y terminó ganando 3-2 en La Ciudadela. La victoria lo mantiene con chances de meterse en el Reducido, aunque el rendimiento y algunas decisiones de Alejandro Orfila volvieron a generar dudas.

San Martín parecía condenado. Los goles de Isaías Andrada y Genaro Cepeda habían dejado al equipo tucumano 2-0 abajo y con el Reducido cada vez más lejos. Pero cuando todo indicaba que la noche terminaría en frustración, apareció una reacción que cambió por completo el escenario.

A los 78 minutos, “Caco” García descontó con un remate espectacular. Siete minutos después, Bruno Cabrera puso el 2-2 y, cuando el empate ya parecía el resultado definitivo, el propio Cabrera apareció en el minuto 92 para completar una remontada inolvidable.

La Ciudadela explotó. La sensación después del partido fue de alivio, euforia y, sobre todo, de haber recuperado una posibilidad que parecía perdida. San Martín quedó a dos puntos del Reducido, con seis unidades todavía en juego. La cuenta sigue siendo complicada, pero ahora vuelve a tener sentido.

Sin embargo, la épica no debería ocultar los problemas que el equipo arrastra.

Las decisiones de Orfila, otra vez bajo la lupa

La remontada permitió respirar, pero también dejó interrogantes sobre el planteo de Alejandro Orfila. El entrenador volvió a apostar por Santiago Briñone, Agustín Graneros y Gabriel Carabajal, pese a que ninguno viene mostrando un rendimiento convincente en las últimas fechas.

A eso se suma el caso de Alan Cisnero, quien llegaba entre algodones y apenas pudo permanecer media hora en cancha. En una etapa del campeonato donde cada partido puede definir el futuro del equipo, la lectura del entrenador y la elección de los nombres tienen un peso enorme.

Y hay una decisión que seguramente volverá a discutirse: ¿por qué “Caco” García no fue titular?

Su ingreso modificó el partido. El volante no solamente marcó el descuento, sino que asumió el protagonismo, contagió a sus compañeros y empujó al equipo cuando el resultado parecía sentenciado. Fue el futbolista que encendió la reacción del Santo.

Por eso, más allá de celebrar su actuación, San Martín necesita encontrar una respuesta sobre el lugar que García debería ocupar en el equipo de acá al final del torneo.

Una victoria que devuelve la esperanza

San Martín ganó porque sus jugadores se negaron a bajar los brazos. Con el marcador en contra, el reloj corriendo y el Reducido cada vez más lejos, encontró tres goles para transformar una derrota casi segura en una victoria que puede resultar decisiva.

La remontada tiene valor y merece ser festejada. Pero no puede convertirse en una excusa para esconder los problemas. El equipo todavía necesita mejorar y Orfila deberá tomar decisiones más claras si pretende que esta reacción sea algo más que una noche inolvidable.

El Santo sigue con vida. Ahora deberá demostrar que también tiene argumentos para quedarse.