La energía no tiene fecha de vencimiento. La noche de este sábado lo dejó claro: el show de Billy Idol en Buenos Aires fue una demostración de que la rebeldía está a prueba del tiempo.
A punto de cumplir 70 años, el músico británico arrasó en el Arena y reconfirmó su romance intacto con el público local ante un microestadio totalmente colmado.
Este regreso era esperado. Se da tres años después de su última visita en 2022 (cuando teloneó a Green Day en Vélez y reventó el Luna Park). Su primera vez en el país fue en el lejano 1991, abriendo para Joe Cocker en River.
La apertura estuvo a cargo de Marttein, un joven artista argentino que, con su cabellera platinada y una propuesta cargada de performance, logró sorprender al público del ídolo punk.
Pero la gente estaba ahí por el rubio. Billy, con sus 69 años, se subió al escenario con sus looks de cuero y el pelo decolorado de siempre, en el marco de su gira «It’s a Nice Day To… Tour Again!».
Arrancó la noche con “Still Dancing”, un tema de su disco más reciente, «Dream Into It», lanzado este 2025. A pesar de ser una canción nueva, el público la recibió con euforia, saltando en el campo. Lo nuevo de Idol apareció bien distribuido en el setlist, con temas como “77″, “Too Much Fun” y “People I Love”.
Crónicas de Billy Idol en Buenos Aires
El Arena vibró desde el primer minuto. Lo más zarpado fue la conexión: el público le cantaba el clásico cántico futbolero «Olé, olé, olé, olé, Billy, Billy…». El afecto era recíproco. El británico, fiel a su estilo, se cambiaba en escena, dejaba su torso desnudo y le agradecía a sus fans por estar tan «locos».
No faltaron los clásicos que todos esperaban. Sonaron la magnífica “Eyes Without A Face”, “Mony Mony” y “Flesh for fantasy”. Al momento de “Rebel Yell”, Billy se tomó un momento para contar la anécdota detrás del nombre: estaba en una fiesta a principios de los ’80 con Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood.
«Estaban tomando un whisky», relató, «me acerqué a preguntarles cómo se llamaba eso que estaban tomando y Jagger contestó: ‘Rebel Yell’».
Sobre el final, la seguidilla fue demoledora. Apareció la inoxidable “Dancing with myself”, mantuvo la energía con “Hot in the city” y cerró con la icónica “White wedding”.
Los fans, delirando, lo despidieron con un canto que lo resumía todo: «Oh, Billy Idol, es un sentimiento, no puedo parar». Un cierre perfecto para lo que fue la noche de Billy Idol en Buenos Aires.




