La relación entre China y Japón, históricamente conflictiva, volvió a encenderse tras las declaraciones de la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, quien sugirió que podría enviar tropas para apoyar a las fuerzas separatistas de Taiwán en caso de una ofensiva china. La respuesta de Beijing fue inmediata y contundente: fuerte repudio oficial, advertencias de “medidas severas” y una escalada diplomática que ya genera impacto económico y movimientos militares.
Durante el debate anual en la ONU, el representante chino Fu Cong calificó las declaraciones de Takaichi como “extremadamente peligrosas” y una violación directa al principio de “una sola China”. Además, aseguró que Japón “no tiene las aptitudes” para aspirar a un lugar permanente en el Consejo de Seguridad.
El conflicto se desató días atrás, cuando Takaichi afirmó que, ante una eventual operación china sobre Taiwán, podría enviar apoyo militar a la isla. Para Beijing, que reclama la reunificación desde 1949 y considera a Taiwán parte de su territorio, se trató de una provocación grave. China presentó una protesta formal y sostuvo que la postura japonesa “daña los cimientos políticos” de la relación bilateral.
La tensión rápidamente salió del plano político. El gobierno chino y su embajada en Japón alertaron a sus ciudadanos sobre posibles riesgos y recomendaron evitar viajar. El mensaje derivó en una ola de cancelaciones: más de diez aerolíneas chinas —entre ellas Air China y China Eastern— permitieron anular pasajes sin penalidades hasta fin de año. Ya se contabilizan más de medio millón de cancelaciones y una caída abrupta de reservas hoteleras.
El golpe también llegó a los mercados: las acciones de empresas japonesas vinculadas al turismo y al comercio minorista sufrieron fuertes bajas. Los visitantes chinos representan más de un cuarto del turismo receptivo del país.
Japón respondió con advertencias similares a sus ciudadanos en territorio chino, pidiendo evitar lugares concurridos y mantenerse alejados de situaciones “sospechosas”.
Medidas económicas y bloqueo cultural
Beijing subió la presión y avisó que habrá sanciones si Takaichi no se retracta. Por lo pronto, suspendió las importaciones de mariscos japoneses y frenó las negociaciones para reactivar compras de carne vacuna. Además, los reguladores chinos detuvieron la autorización de nuevas películas japonesas y cancelaron seis estrenos ya programados.
Movimientos militares en el aire
Para sumar tensión, Japón movilizó aviones de combate tras detectar un presunto dron chino cerca de la isla de Yonaguni, la más cercana a Taiwán. Desde Beijing desestimaron la versión y acusaron a Japón de “revivir el militarismo” y actuar “en contra de la justicia internacional”.
En un intento por frenar la escalada, funcionarios de ambos países se reunieron en Beijing. Al salir del encuentro, el representante chino Liu Jinsong fue tajante ante la prensa: “¿Satisfecho? Por supuesto que no”.
Así, lo que comenzó con una declaración política terminó convirtiéndose en una crisis diplomática con efectos económicos, cancelaciones masivas y alertas militares en ambos lados del Mar de China Oriental.




