Donald Trump y Xi Jinping volvieron a verse cara a cara este jueves en Pekín en una cumbre marcada por las tensiones comerciales, el conflicto en Medio Oriente y la situación de Taiwán. El encuentro se realizó en el Gran Salón del Pueblo, en la emblemática plaza Tiananmén, donde el presidente chino recibió al mandatario estadounidense con honores oficiales.

Durante los primeros minutos de la reunión, Trump apostó a mostrar un tono conciliador y aseguró que Estados Unidos y China “deberían ser socios y no rivales”. También elogió a Xi, a quien definió como “un gran líder”. Del otro lado, el presidente chino afirmó estar “feliz” de recibirlo en un momento que calificó como una “encrucijada” para el mundo.

La visita de Trump llega después de meses de tensión entre ambas potencias. Aunque en 2025 ambos gobiernos pactaron una tregua comercial, todavía persisten fuertes diferencias por los aranceles, la tecnología, el acceso a mercados y la competencia geopolítica.

El republicano aterrizó en Pekín acompañado por una delegación de alto perfil que incluyó al secretario de Estado, Marco Rubio, y a varios de los empresarios más influyentes de Estados Unidos, entre ellos Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang. También participaron ejecutivos de Boeing, Meta, Visa, Mastercard y Goldman Sachs.

Uno de los ejes centrales de la cumbre es la relación económica entre las dos principales potencias del planeta. Washington busca avanzar en acuerdos vinculados al sector agroindustrial y cerrar nuevas operaciones comerciales para Boeing, mientras que China intenta contener nuevas medidas arancelarias y restricciones tecnológicas.

La guerra en Irán también ocupa un lugar clave en las conversaciones. La Casa Blanca quiere que Pekín use su peso político y económico para influir sobre Teherán y ayudar a descomprimir la crisis en el Golfo Pérsico. El tema preocupa especialmente por el impacto sobre el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio mundial de petróleo y gas.

En paralelo, sigue creciendo la tensión por Taiwán. Antes de la llegada de Trump, el gobierno chino volvió a reclamarle a Estados Unidos que deje de enviar armamento a la isla, considerada por Pekín como parte de su territorio. Washington, aunque no reconoce formalmente la independencia taiwanesa, sigue siendo el principal aliado militar de Taipéi.

La reunión entre Trump y Xi marca además el regreso de un presidente estadounidense a China por primera vez desde 2017, cuando el propio Trump realizó una visita que combinó gestos diplomáticos con el inicio posterior de una fuerte ofensiva comercial contra el gigante asiático.