La historia del hampa en Tucumán tiene dos nombres que, por más que pasen las décadas, siempre vuelven a aparecer en el radar: los Ale y los Gardelitos. Lo que empezó hace 40 años como una disputa de «guapos» de barrio o supuestos líos de polleras, hoy se revela como algo mucho más pesado. La Justicia Federal apunta ahora a lo que siempre estuvo en las sombras: el control del negocio de la droga.
El origen: de los puños a las balas
En los años 80, el escenario era otro. La «merca» era un mercado marginal y los clanes tenían perfiles distintos. Los Ale, fuertes en el Mercado de Abasto; y los Gardelitos, conocidos por ser especialistas en el «mecherismo» y asaltos a nivel nacional.
Pero todo estalló el 31 de diciembre de 1986. Mientras la ciudad se preparaba para brindar, los hermanos Rubén «La Chancha» y Ángel «El Mono» Ale terminaron a los tiros con los Gardelitos. El saldo fue sangriento y marcó un quiebre: los Gardelitos tuvieron que «exiliarse» en otras provincias, mientras los Ale consolidaban un poder que rozaba lo político y lo deportivo.
La caída del imperio y el lavado de dinero
La impunidad no fue eterna. Con el caso de Marita Verón y la lucha incansable de Susana Trimarco, la lupa cayó sobre los Ale. En 2017, la Justicia Federal les dio un golpe letal al condenarlos a 10 años de prisión por liderar una asociación ilícita dedicada al lavado de activos provenientes de la trata, la usura y el narcotráfico. Se acabó la imagen de intocables.
Los nuevos protagonistas: el ascenso de los Lobo
Mientras los Ale caían, una rama de los Gardelitos no se quedaba de brazos cruzados. Walter “Petiso David” Lobo se convirtió en el nuevo nombre fuerte. Con un perfil que mezclaba la ostentación en redes sociales con un currículum cargado de causas por narcotráfico en varias provincias, Lobo quedó en la mira por mover cifras astronómicas.
La investigación actual sospecha que el «Petiso David» habría blanqueado cerca de 500 millones de pesos a través de una red familiar que incluye a hijos y ex parejas.
Un duelo que atraviesa generaciones
Hoy, 40 años después de aquellos primeros tiros en la Avenida Roca, los apellidos vuelven a cruzarse, pero esta vez el campo de batalla son los despachos de los jueces federales. Ya no se trata de quién es el más pesado de la zona, sino de estructuras criminales complejas que marcaron a fuego la historia policial de Tucumán.
El narcotráfico, que antes era una hipótesis lejana, hoy es el hilo conductor que une el pasado de los Ale con el presente de los Gardelitos. La historia se repite, pero los montos y los riesgos son cada vez más altos.




