Un homenaje a San Martín que incomodaba al poder
El 1 de febrero de 1978, Jorge Cafrune murió tras ser atropellado mientras cabalgaba rumbo a Yapeyú. El viaje tenía un fuerte valor simbólico: homenajear a José de San Martín en el bicentenario de su nacimiento y llevar una urna con tierra de Boulogne Sur-Mer. En plena dictadura, la presencia de un artista popular y crítico del régimen resultaba incómoda para el poder militar.
Cosquín, canciones prohibidas y desafío a la censura
Días antes de su muerte, Cafrune había protagonizado un momento clave en el Festival de Cosquín. A pedido del público cantó la “Zamba de mi esperanza”, aclarando que no estaba en el “repertorio autorizado”, y luego interpretó “El orejano”. Según testimonios citados en el informe Nunca Más, tras esa actuación su muerte habría sido planificada en el centro clandestino La Perla.
El atropello en General Pacheco
Esa noche, Cafrune avanzaba por la banquina con un farol visible en su montura. En la intersección de la ruta 27 y la calle Tirso de Molina, en General Pacheco, una camioneta lo embistió violentamente desde atrás. El conductor huyó, mientras el cantor quedó inmovilizado, con un fuerte golpe en la cabeza y serias lesiones en el tórax.
Demoras médicas y una muerte rodeada de sospechas
Tras el accidente, Cafrune pasó varias horas sin atención médica adecuada, entre negativas, traslados y centros sin recursos. Finalmente, mientras era derivado al Instituto del Tórax de Haedo, murió en la ambulancia por un edema pulmonar. La urna que llevaba desapareció y nunca fue hallada. A casi medio siglo, su muerte sigue siendo un símbolo del silenciamiento cultural durante la dictadura.




