Un crimen en la intimidad del hogar

Quince años después de la desaparición de Érica Soriano, una joven de 30 años embarazada de dos meses y medio, su caso sigue resonando en Lanús. La noche del 20 de agosto de 2010, Érica y su pareja, Héctor Daniel Lagostena, volvieron a su casa en la calle Coronel Santiago 1433 tras una consulta médica. Esa fue la última vez que se supo de ella. Una charla telefónica a las 22:13 con una amiga dejó entrever una discusión de pareja, y desde entonces, Érica se desvaneció.

La investigación apuntó rápidamente a Lagostena. En un allanamiento, la Policía encontró la chimenea de la casa encendida en un día cálido, con restos de ropa interior femenina quemada. Además, el reactivo luminol reveló una mancha de sangre bajo una mesa, que resultó ser de una mujer. Aunque el cuerpo de Érica nunca apareció, las pruebas fueron contundentes.

Una relación marcada por el control

Testimonios de amigas, familiares y exparejas pintaron un retrato oscuro de Lagostena. Celos, control y exigencias constantes marcaban su relación con Érica. Correos electrónicos mostraron cómo él le pedía fotos y horarios para rastrear sus movimientos. Un peritaje psicológico lo describió como una persona con “rasgos psicopáticos y narcisistas”, capaz de someter a su pareja.

La Justicia también exploró una hipótesis inquietante: Lagostena habría recurrido a Leonardo De Simone, dueño de la funeraria La Paz, para deshacerse del cuerpo. Escuchas telefónicas expusieron irregularidades en crematorios del conurbano, como incineraciones sin certificados de defunción. María Ester Romero, madre de Érica, señaló a De Simone como cómplice, aunque nunca se probaron cargos en su contra.

Condena firme, pero sin respuestas finales

En 2018, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 9 de Lomas de Zamora condenó a Lagostena a 22 años de prisión por homicidio y aborto en contexto de violencia de género. La figura de femicidio no se aplicó porque no existía en el Código Penal de 2010. Más de 40 testigos, incluidas exparejas que relataron abusos similares, respaldaron la sentencia.

Pese a los recursos presentados por la defensa, la Corte Suprema cerró el caso en 2022, confirmando la condena. Hoy, Lagostena cumple su pena en la cárcel de Olmos, con fecha de salida proyectada para 2037. El caso de Érica dejó al descubierto fallas en el control de funerarias y crematorios, y demostró que, incluso sin un cuerpo, la Justicia puede encontrar verdad en las pruebas.