A medio siglo del brutal asesinato del cantautor Víctor Jara a manos de la dictadura de Augusto Pinochet, su hija, Amanda Jara, rompió el silencio tras el fallo de la Justicia chilena que condenó a los represores responsables del crimen. Si bien valoró el dictamen, remarcó con crudeza el impacto de la impunidad biológica y el paso del tiempo: «La justicia llegó, pero 50 años tarde».
La resolución del máximo tribunal trasandino marca un hito en las causas por violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el régimen militar. Sin embargo, para los familiares y sobrevivientes, la reparación histórica llega en un contexto donde muchos de los culpables y testigos clave ya han fallecido.
«Llegó demasiado tarde»: el dolor de las familias a 50 años del golpe
«La justicia llegó, pero demasiado tarde», sostuvo Amanda Jara al reconstruir la incansable batalla judicial y política que libró su familia durante cinco décadas. Sus palabras reabrieron el debate social en Chile sobre los tiempos del Poder Judicial ante los crímenes de lesa humanidad cometidos tras el golpe de Estado de 1973.
Desde diversos organismos de derechos humanos destacaron que, si bien la sentencia ratifica la verdad histórica sobre las torturas y el homicidio del emblemático músico, **el Estado chileno mantiene una enorme deuda en materia de memoria y reparación**, con cientos de expedientes aún en trámite y miles de víctimas cuyo destino final jamás fue esclarecido.
Avanzan las causas contra el terrorismo de Estado en Chile
En los últimos años, los tribunales chilenos han acelerado el dictado de sentencias contra exintegrantes de las Fuerzas Armadas y exagentes de inteligencia involucrados en secuestros, torturas, ejecuciones y desapariciones forzadas.
El conmovedor testimonio de Amanda Jara vuelve a poner de manifiesto que los fallos tardíos no logran borrar las huellas del terrorismo de Estado, y que las banderas de memoria, verdad, justicia y garantías de no repetición continúan vigentes en la sociedad civil.



