En su primera encíclica, León XIV puso el foco sobre uno de los debates más sensibles del presente: el avance de la inteligencia artificial y la concentración de poder tecnológico en manos de grandes corporaciones y gobiernos.

El pontífice lanzó una fuerte advertencia sobre lo que definió como “tecnofascismo”, un modelo donde quienes controlan las tecnologías digitales terminan imponiendo también valores, comportamientos y formas de organización social.

La encíclica plantea que la inteligencia artificial no es una herramienta neutral y que su desarrollo está atravesado por intereses económicos, políticos y culturales. En ese sentido, León XIV sostuvo que el riesgo no pasa solamente por la automatización del trabajo o la vigilancia digital, sino por la posibilidad de que unas pocas empresas definan el rumbo moral y social del mundo.

“Quien controla la inteligencia artificial puede imponer su visión del ser humano”, advierte el documento, que también cuestiona la falta de regulaciones globales y el crecimiento del poder de las grandes tecnológicas.

El Papa alertó además sobre el impacto que estas herramientas pueden tener sobre la democracia, la privacidad y las desigualdades sociales. Según plantea, la expansión descontrolada de sistemas algorítmicos podría profundizar formas de exclusión y consolidar nuevas estructuras de dominación.

La encíclica también retoma críticas ya presentes en el Vaticano respecto al modelo económico global, aunque ahora trasladadas al universo digital y al desarrollo de la IA. En ese marco, León XIV pidió construir mecanismos internacionales de control y regulación que prioricen los derechos humanos por encima de los intereses corporativos.

El documento llega en un contexto donde la inteligencia artificial atraviesa cada vez más aspectos de la vida cotidiana: desde sistemas de vigilancia y reconocimiento facial hasta plataformas laborales, redes sociales y herramientas militares.

La intervención del Papa no pasó desapercibida porque coloca a la Iglesia Católica dentro de una discusión global cada vez más intensa: quién controla la tecnología, con qué fines y cuáles son los límites éticos frente al crecimiento del poder digital.

En tiempos donde las grandes plataformas acumulan niveles inéditos de información y capacidad de influencia, el Vaticano busca instalar una advertencia clara: el futuro tecnológico también es una disputa política, cultural y humana.