La tensión que se repite: tecnología, trabajo y desigualdad

Mientras los taxis tucumanos se movilizaban hacia el Concejo Deliberante para exigir la eliminación de las aplicaciones digitales de transporte, otro debate más profundo se desplegaba en segundo plano: ¿qué lugar ocupan hoy las plataformas en la economía y hasta qué punto es posible vivir sin ellas?

La protesta de los choferes no fue un hecho aislado, sino una expresión local de un conflicto global. Las aplicaciones —Uber, Didi, InDriver, entre otras— transformaron las reglas del juego: ofrecen precios más bajos y disponibilidad inmediata, pero lo hacen sobre un modelo que desdibuja los límites entre autonomía y precariedad laboral.

Las plataformas y el espejismo de la “libertad”

Como plantea Diego Lorca en su artículo para NODAL, las plataformas no son solo herramientas tecnológicas: son una nueva arquitectura del trabajo. A través de algoritmos que asignan viajes, tarifas y horarios, construyen una relación de poder silenciosa entre quienes manejan y quienes programan.

La narrativa de la “flexibilidad” suele presentarse como un beneficio —trabajar cuando se quiera, sin jefes—, pero en la práctica muchos trabajadores viven pendientes del celular, atrapados en la lógica del rendimiento constante y sin derechos básicos como la seguridad social o un ingreso mínimo asegurado.
En ese sentido, la “autonomía” prometida se vuelve una forma sofisticada de control.

Tucumán, espejo de una discusión global

El reclamo de los taxistas tucumanos condensa esta contradicción. Ellos defienden un sistema regulado, con licencias y normas que garantizan cierta estabilidad, frente a un modelo que opera al margen de los marcos legales locales.
El dilema no es menor: ¿debe el Estado prohibir las aplicaciones para proteger empleos tradicionales, o debe integrarlas y regularlas para que compitan en igualdad de condiciones?

Ambas posturas revelan una tensión estructural entre lo “viejo” y lo “nuevo” del capitalismo contemporáneo. Las calles tucumanas, atravesadas por las bocinas y las pancartas de los choferes, son también el escenario donde se libra una batalla simbólica por el sentido del trabajo en la era digital.

¿Podemos prescindir de las plataformas?

La pregunta de fondo va más allá del transporte: ¿es posible prescindir de las plataformas en la nueva fase del capitalismo?
Probablemente no. Las plataformas no son un fenómeno pasajero; se han vuelto parte del modo de producción actual, donde el algoritmo reemplaza al patrón visible y los datos se convierten en la principal fuente de valor.

Sin embargo, lo que sí puede y debe cambiar es la forma en que operan.
Regularlas, transparentar sus algoritmos, garantizar derechos laborales y equiparar las condiciones con los sistemas tradicionales son pasos necesarios para evitar que la “innovación” sea sinónimo de explotación.

Prescindir de las plataformas puede ser imposible, pero replantearlas es urgente. El desafío está en construir una economía digital que no renuncie a la tecnología, pero tampoco al trabajo digno.