Parecía una causa perdida, pero la historia pesa. Al cierre de la fase regular, el «Pincha» estaba desahuciado: venía de tres derrotas al hilo y dependía de un milagro matemático para clasificar. La fortuna hizo un guiño, los resultados ajenos se dieron y entró a los playoffs por la ventana, con más caídas que victorias. Sin embargo, en el mata-mata apareció el ADN del club. Hoy, el país habla de Estudiantes campeón, un equipo que se curtió en la adversidad para dar la vuelta olímpica en Santiago del Estero.

El camino al título fue una prueba de carácter. El equipo de Eduardo Domínguez debió definir siempre de visitante, sin su gente. Y en esa condición de «punto», se hizo banca: eliminó a Central en Rosario, sacó a Central Córdoba en su casa y ganó el clásico ante Gimnasia en el Bosque. Esa fue la nafta anímica para llegar a la gran final contra Racing.

La estrategia y los protagonista de Estudiantes campeón

En la definición, Domínguez recalibró la brújula. Fortaleció la estructura defensiva con la solidez de Santiago Núñez y Leandro González Pires, sumado a la solvencia de Fernando Muslera en el arco, una de las figuras del torneo. Ante la ausencia de Guido Carrillo por suspensión, el técnico apostó al colombiano Edwin Cetré, cuya velocidad fue la llave para abrir partidos cerrados.
Pero el destino guardaba una última bala.

Carrillo reapareció justo en la final ante la Academia y, con un gol clave en tiempo adicional, rescató al equipo de una derrota que parecía juzgada. En el medio, el despliegue de Santiago Ascacíbar y Cristian Medina sostuvo la intensidad que pide la camiseta.

Contra la política y el futuro

Este título tiene un sabor especial porque se dio en un contexto hostil. Con su presidente Juan Sebastián Verón enfrentado abiertamente a la AFA, el plantel jugó bajo presión y con sanciones pendientes. A pesar de todo, Estudiantes campeón logró la cuarta estrella del ciclo Domínguez y aseguró su boleto a la Libertadores 2026.

La fiesta es total, aunque el futuro del técnico es una incógnita por el desgaste interno. Poco importa ahora. El «León» entró con el último aliento, tuvo todo en contra —hasta la política— y terminó festejando. A Zubeldía y a Bilardo también les hubiera gustado ganar de esta manera.