
Diego Armando Maradona caminaba por uno de los pasillos del Vaticano con la misma naturalidad con la que alguna vez había ingresado a un estadio repleto. Saludaba, sonreía y conversaba con todos, pese a que durante años había sido uno de los críticos más duros de la Iglesia Católica.
Por eso, cuando en septiembre de 2014 aceptó la invitación del papa Francisco para participar del primer Partido Interreligioso por la Paz, muchos creyeron que se trataría solo de una fotografía entre dos argentinos famosos. Sin embargo, aquel encuentro terminó marcando un antes y un después en la vida del Diez.
Cuando quedaron frente a frente, Jorge Bergoglio dejó de lado el protocolo, lo abrazó y le dijo una frase que Maradona recordaría hasta el final de sus días: «Diego, te necesito para luchar por la paz».
El Papa que utilizó al fútbol como un mensaje
Francisco sabía perfectamente por qué había convocado a Maradona. No necesitaba solamente al mejor futbolista del mundo, sino a una figura con una enorme llegada popular, capaz de transmitir un mensaje mucho más allá de una cancha.
El Partido por la Paz buscaba reunir a jugadores de distintas religiones y nacionalidades para demostrar que el deporte podía convertirse en un puente entre personas con diferentes culturas, creencias e ideologías. 
El fútbol era el escenario. El verdadero objetivo era promover el diálogo, el encuentro y la paz.
«El Papa me hizo volver a la Iglesia»
Después de aquel encuentro, Maradona comenzó a hablar de Francisco con una admiración que sorprendió incluso a quienes mejor lo conocían. En distintas entrevistas aseguró que había recuperado la confianza en la Iglesia gracias al pontífice argentino.
«El Papa me hizo volver a la Iglesia».
También destacó que Bergoglio era el primer Papa que realmente se preocupaba por los más humildes y que muchas de sus palabras coincidían con reclamos que él mismo venía realizando desde hacía años.
Dos líderes nacidos lejos del poder
Aunque sus caminos fueron muy diferentes, ambos compartían un origen similar. Maradona creció en Villa Fiorito y Bergoglio en el barrio porteño de Flores. Los dos conocieron desde chicos la realidad de los sectores populares y mantuvieron ese vínculo aun después de convertirse en referentes mundiales.
Quizás por eso Francisco nunca le pidió a Diego que cambiara ni que fuera un ejemplo de conducta. Simplemente le pidió ayuda para llevar un mensaje de paz al mundo.
Una imagen que trascendió el fútbol
Con el paso de los años, el abrazo entre Francisco y Maradona adquirió un significado mucho más profundo. Ya no representaba solamente el encuentro entre un Papa y un futbolista, sino la unión de dos argentinos convencidos de que el deporte podía servir para acercar personas y tender puentes entre quienes pensaban distinto. 
Más de una década después, aquella frase sigue resonando. No cambió la historia del fútbol, pero sí transformó para siempre la relación de Diego Maradona con la Iglesia y dejó uno de los encuentros más simbólicos entre dos de los argentinos más influyentes de la historia reciente.




