Después de casi diez años de postergaciones, finalmente se desarrolla el juicio contra Carlos Trapani, empresario y director de la citrícola Trapani, acusado de abuso sexual.

El proceso, que se lleva adelante en los tribunales de Tucumán, simboliza no solo la búsqueda de justicia por parte de la denunciante, sino también las trabas estructurales que enfrentan las mujeres víctimas de violencia sexual en el ámbito judicial.

La causa se demoró por apelaciones y maniobras dilatorias que prolongaron la espera casi una década, una situación que —como señalan organizaciones feministas— constituye una forma de revictimización institucional.

Alegatos y expectativas de sentencia

Los alegatos finales se realizarán este lunes, mientras que la sentencia podría conocerse el jueves. La querella espera una condena efectiva que reconozca el daño sufrido y envíe un mensaje claro frente a la impunidad.

Durante las audiencias, declararon testigos, ex trabajadoras y peritos que respaldaron las denuncias. Desde los movimientos de mujeres y diversidades se insiste en que este fallo puede marcar un precedente fundamental para los casos de abuso que involucran a figuras empresariales con poder económico y político.

La justicia como mensaje colectivo

El caso Trapani trasciende lo individual. En Tucumán, fue acompañado por colectivos feministas que durante años reclamaron que la causa avance y que se garantice un proceso libre de presiones.

Este juicio, que llega tras casi una década de lucha, se percibe como una oportunidad para que el Poder Judicial envíe un mensaje ejemplificador: que en la provincia no haya más impunidad para los abusos amparados en el poder, el dinero o las conexiones personales.