Mauricio Macri volvió a mover las fichas dentro del tablero político. Según trascendió, el expresidente le hizo llegar a Javier Milei un “pliego de condiciones” para garantizar el acompañamiento del PRO en los próximos dos años. La propuesta incluye el control de áreas sensibles del Estado, empresas energéticas y espacios de decisión económica.

Mientras los principales funcionarios del Gobierno —Luis Caputo, José Luis Daza, Santiago Bausili y Pablo Quirno— se encontraban en Washington esperando ser recibidos por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, las gestiones políticas entre el entorno de Macri y la Casa Rosada se intensificaban.

“Lo que Mauricio está reclamando no son cargos para su gente, sino el control de un pedazo del poder”, resumió una fuente al tanto de las conversaciones.

Las “joyas” que quiere el macrismo

Entre los pedidos que el PRO le hizo llegar a Milei figuran algunos de los cargos más codiciados del Gobierno. En la lista aparecen YPF, Yacyretá, Nucleoeléctrica y Transener, empresas claves para la infraestructura energética nacional.

También reclaman influencia sobre las áreas mineras, los sectores involucrados en privatizaciones futuras y los organismos encargados de renegociar contratos de servicios públicos en energía, transporte y minería.

A esto se suma el interés por manejar la Administración General de Puertos y la Hidrovía del Paraná, una vía estratégica para el comercio exterior. Como broche, Macri pidió colocar a alguien de su confianza en una embajada de alto perfil, como la de China, país donde mantiene vínculos empresariales a través de su histórico aliado, Nicky Caputo.

El FMI y la “derecha racional”

Las exigencias de Macri se alinean con los mensajes que el Fondo Monetario Internacional viene transmitiendo al Gobierno: para avanzar con las reformas estructurales (laboral, previsional e impositiva), Milei necesita construir alianzas con sectores opositores.

El organismo lo expresó públicamente a través de Julie Kozack, su directora de comunicación: “Es necesario un amplio apoyo político para implementar la ambiciosa agenda de reformas y fortalecer la confianza”.

Desde Washington, se refieren al PRO y a los gobernadores de Provincias Unidas como “la derecha racional” de la Argentina, un bloque que podría garantizarle estabilidad al oficialismo, pero no sin costos.

Una alianza que se mide en poder

Macri dejó en claro que su apoyo no se confirmará antes de las elecciones. El PRO planea “caminar en paralelo” con La Libertad Avanza y definir su nivel de influencia según el resultado en las urnas. “Si ellos aportan un 20% y nosotros otro 20%, nos corresponde la mitad de los cargos importantes”, explican desde el entorno del exmandatario.

Mientras espera la respuesta de Milei, Macri trabaja en dos frentes: fortalecer vínculos con los gobernadores de Provincias Unidas —bajo la coordinación de Rogelio Frigerio— y consolidar su nueva pata económica a través de la Fundación Mediterránea.

En los hechos, la jugada busca algo más que apoyo político: el regreso del macrismo al control de las áreas donde se define el poder económico real del Estado argentino.