A exactamente 50 años de uno de los capítulos más oscuros y sangrientos del terrorismo de Estado en Argentina, la comunidad religiosa y organismos de derechos humanos volvieron a alzar la voz. En una emotiva ceremonia en la parroquia de San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano, la Iglesia Católica renovó su reclamo de justicia por la Masacre de los Palotinos, el mayor ataque contra la institución en la historia del país.
El homenaje, que conmemoró el medio siglo del asesinato de los sacerdotes Alfredo Kelly, Alfredo Leaden, Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, estuvo marcado por la exigencia de romper el pacto de silencio. «Con nuestras lágrimas queremos regar el suelo de una Nación que sigue clamando justicia», expresaron las autoridades eclesiásticas durante la homilía dominical.
La madrugada del terror en San Patricio
El crimen ocurrió en la madrugada del 4 de julio de 1976, cuando un grupo de tareas de la última dictadura militar ingresó a la casa parroquial. Los cinco religiosos fueron acribillados por la espalda mientras dormían. Al lado de los cuerpos, los asesinos dejaron alfombras teñidas de sangre y pintadas con tiza que intentaban justificar la ejecución bajo el rótulo de «limpieza ideológica», acusándolos de «adoctrinar mentes vírgenes».
A pesar del paso de las décadas, la causa judicial avanzó a cuentagotas y el hecho permaneció bajo un manto de impunidad. Sin embargo, el aniversario número 50 llega en un escenario de renovada expectativa tras la reciente decisión de la Justicia Federal de llamar a indagatoria a cuatro exmiembros de la Policía Federal acusados de haber liberado la zona para facilitar el brutal operativo.
Documentos que apuntan al corazón de la represión
El reclamo comunitario se apoya también en revelaciones históricas recientes, como la desclasificación de archivos de la Embajada de Estados Unidos que demuestran que, a los pocos días del ataque, los canales diplomáticos ya tenían certezas de que el crimen había sido ejecutado por fuerzas de seguridad oficiales de la dictadura, desarmando la versión oficial de la época que intentaba culpar a «elementos subversivos».
Cincuenta años después, la fisonomía de la parroquia de San Patricio mantiene vivas las marcas del atentado como un faro de memoria activa. Para la Iglesia y la sociedad civil, el aniversario no es solo un recordatorio del martirio de los cinco religiosos, sino una exigencia urgente para que los tribunales aceleren las condenas de los responsables materiales e intelectuales antes de que el tiempo termine por consagrar la impunidad biologica.




