Un 4 de enero de 1991, en pleno verano tucumano, Mercedes Sosa recibía uno de los reconocimientos más emotivos de su carrera: la declaración como «Ciudadana Ilustre» de la capital provincial. En una ceremonia cargada de simbolismo, la cantora nacida en la calle Mendoza al 700 expresó su profunda conexión con la tierra que la vio nacer.

El entonces intendente Raúl Martínez Aráoz destacó durante el homenaje: «Nuestro tiempo tiene la voz de Mercedes Sosa y le agradece conservar el amor por su suelo y por su gente». Palabras que resumían la importancia de una artista que había trascendido fronteras sin perder nunca sus raíces.

Con visible emoción, La Negra respondió: «Me siento conmovida, creo que el mejor reconocimiento del mundo es el que brinda el pueblo donde uno nació. Quiero decirles que soy mimada ahora. Que me quieren en todos lados ahora. Hubo muchos sinsabores y los sobrellevé, pero nunca perdí mi identidad. Los que nacemos en esta parte del mundo nunca perdemos la tucumanía».

Este reconocimiento ocurrió en un momento especial de su carrera, cuando Mercedes Sosa consolidaba su lugar como una de las voces más importantes de la música popular latinoamericana, manteniendo siempre un vínculo estrecho con su provincia natal. La distinción no solo honraba su trayectoria artística, sino también su compromiso social y su orgullo por los orígenes.

Tres décadas y media después, aquel homenaje municipal permanece como testimonio del amor entre la artista y su tierra, un vínculo que se mantuvo inquebrantable hasta su partida en 2009 y que sigue vivo en el legado de su música y su figura.