El ámbito de la cultura despide a uno de sus grandes innovadores. Julio Le Parc falleció a los 97 años en París, la ciudad donde residió durante más de seis décadas y desde la cual transformó la relación entre la obra de arte y el público. El creador argentino se destacó por romper con la contemplación pasiva, convirtiendo al espectador en un participante activo de sus instalaciones.

Nacido en Palmira, Mendoza, en 1928, Le Parc emigró a Francia en 1958 gracias a una beca de estudios. Dejaba atrás una Argentina marcada por la inestabilidad política posterior al derrocamiento de Perón, pero viajaba impulsado por las teorías de Piet Mondrian y el descubrimiento de la obra de Victor Vasarely, influencias clave para el desarrollo de sus investigaciones visuales.

La democratización del arte y la experimentación

En la capital francesa, Le Parc abandonó la pintura tradicional para experimentar con la luz, el movimiento y materiales como el Plexiglás. Su objetivo era claro: el arte debía dejar de ser un objeto de culto para las élites y transformarse en una experiencia viva y accesible para todos.

  • Fundación del GRAV: En 1960 cofundó el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV), colectivo con el que lanzó el manifiesto «Basta de mistificaciones» en 1963, promoviendo intervenciones urbanas y laberintos de espejos.
  • Consagración internacional: Su propuesta se consolidó en 1966 al obtener el Gran Premio Internacional de Pintura de la Bienal de Venecia, reconocimiento que lo posicionó como una figura central de las vanguardias artísticas.
  • Compromiso político: Durante el Mayo Francés de 1968, participó en las protestas imprimiendo afiches junto a estudiantes y obreros. Esa participación le valió una expulsión de Francia durante cinco meses, medida que fue revertida por la presión del ámbito intelectual.

Un legado que transformó el espacio público

A lo largo de su carrera, mantuvo una postura crítica frente a las instituciones artísticas, llegando a rechazar exposiciones oficiales durante la década del 70. Sin embargo, su obra terminó siendo incorporada por algunos de los museos más importantes del mundo, entre ellos el Centro Pompidou y el Museo de Arte Moderno de París.

Uno de sus hitos más recordados ocurrió en 2012, cuando intervino el Obelisco de la Plaza de la Concordia de París con proyecciones lumínicas que transformaron el monumento en un gran escenario óptico al aire libre.

Pese a estar radicado en los últimos años en su taller de Cachan, en la periferia parisina, Le Parc mantuvo un vínculo constante con Argentina, reflejado en sus visitas periódicas y en la creación del Centro Cultural Julio Le Parc en Mendoza, su provincia natal.

Con su partida, desaparece un pionero cuya obra continuará proyectando luz, movimiento e innovación en la historia del arte contemporáneo.