El presidente de Colombia, Gustavo Petro, volvió a quedar en el centro de la escena internacional tras cuestionar el comportamiento de la delegación de Estados Unidos durante una sesión de la ONU. Según denunció, representantes estadounidenses abandonaron sus asientos mientras exponía sobre temas relacionados con el nazismo, los derechos humanos y el papel histórico de las potencias occidentales.
Tras el episodio, Petro calificó la actitud como “lamentable” y sostuvo que demuestra una falta de voluntad para debatir cuestiones que considera fundamentales para la comunidad internacional. Además, remarcó que el rechazo a las ideologías totalitarias debería ser un compromiso común entre todas las naciones.
La controversia se da en un contexto de creciente tensión entre Bogotá y Washington. En los últimos días, el mandatario colombiano también había denunciado una presunta injerencia estadounidense en la política de su país luego de declaraciones de apoyo de Donald Trump hacia sectores de la oposición.
Petro mantiene una postura crítica frente a distintos aspectos de la política exterior de Estados Unidos y suele utilizar espacios internacionales para plantear debates sobre desigualdad global, cambio climático, conflictos armados y derechos humanos.
Hasta el momento, desde Washington no hubo una respuesta oficial sobre las acusaciones del presidente colombiano ni sobre lo ocurrido durante la sesión de Naciones Unidas.
Para analistas internacionales, el incidente refleja diferencias políticas e ideológicas más profundas entre ambas partes y vuelve a evidenciar cómo la ONU continúa siendo un escenario donde se expresan disputas diplomáticas y tensiones geopolíticas.
El cruce suma un nuevo capítulo a una relación bilateral que atraviesa un momento de creciente complejidad en medio de un escenario internacional marcado por la polarización y los conflictos globales.




