Un devastador **terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia** en la mañana del lunes 10 de agosto, dejando un saldo trágico y preliminar de al menos 132 muertos y más de 500 heridos. El violento sismo, que tuvo una duración excepcional de casi cuatro minutos, provocó el colapso de decenas de edificios, rutas y centros de salud, obligando al Poder Ejecutivo a decretar la **emergencia nacional**.
El movimiento telúrico se registró a las 7:34 am con epicentro en las cercanías de San José del Palmar (departamento del Chocó), a una profundidad de 82 kilómetros. La potencia del temblor fue de tal magnitud que llegó a percibirse con claridad en sectores de Panamá y Ecuador.
Cali y Pereira, en el epicentro de la tragedia
Las tareas de rescate se concentran a contrarreloj en las ciudades de **Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia**, donde la infraestructura sufrió severos colapsos. En Cali, las autoridades locales dispusieron el toque de queda y desplegaron patrullajes de las Fuerzas Armadas para resguardar la seguridad mientras los equipos de emergencia remueven escombros en busca de sobrevivientes.
Por su parte, Quibdó —ubicada a corta distancia del epicentro— y los municipios del Eje Cafetero reviven las postales de angustia que no se veían desde el trágico sismo de Armenia en 1999.
De la Espriella enfrenta su primera crisis de gobierno
La catástrofe natural irrumpió apenas tres días después de la asunción del presidente **Abelardo de la Espriella**, transformándose de inmediato en la primera gran prueba de fuego de su gestión. El mandatario anunció que conducirá personalmente la respuesta estatal e instaló Puestos de Mando Unificado en las regiones más golpeadas.
La emergencia demanda un esfuerzo de coordinación mayúsculo en medio de la transición institucional con la administración saliente de Gustavo Petro, lo que ha acelerado los nombramientos en los organismos de gestión del riesgo.
Asistencia internacional y solidaridad regional
Frente a la gravedad de los hechos, la comunidad internacional reaccionó de manera expedita. Estados Unidos confirmó un fondo inicial de asistencia por **15,5 millones de dólares**, al tiempo que el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) anunció una donación directa de 500.000 dólares para tareas humanitarias urgentes.
Gobiernos de todo el espectro político —como Argentina, Chile, Ecuador, Brasil, México y España— pusieron a disposición brigadas de rescate y suministros, dejando de lado las diferencias ideológicas ante la magnitud de la tragedia que conmueve al continente.



