Una decisión que hace ruido en la política internacional
En una movida que no pasó desapercibida, Donald Trump anunció que no asistirá a la cumbre del G20 programada para fines de este año en Sudáfrica. En su lugar, enviará al vicepresidente JD Vance. El anuncio, hecho desde el Despacho Oval, agregó otro capítulo a su estilo impredecible en la escena global y dejó claro que prioriza otros frentes sobre este encuentro multilateral.
Su Club de Golf será sede del G20 2026
Pero el anuncio más sorprendente vino después: Estados Unidos albergará la cumbre del G20 del año próximo en el Trump National Doral, su exclusivo club de golf cerca de Miami. “Está justo al lado del aeropuerto. Es la mejor ubicación. Es precioso”, defendió Trump, aunque aclaró que su empresa familiar “no ganará dinero con ello”. La elección revive una polémica familiar; en 2020, ya había tenido que dar marcha atrás con una idea similar para el G7 ante acusaciones de conflicto de interés.
¿Estrategia o Provocación? Un patrón que se repite
La decisión de Trump sigue un patrón que ya conocimos en su primer mandato: mezclar los intereses de Estado con sus negocios privados, desatando críticas tanto de opositores como de aliados. Al elegir su propiedad como sede de un evento de tal magnitud, no solo genera cuestionamientos éticos y legales, sino que envía un mensaje contundente sobre su forma de entender la política y los negocios.




