Mijailo Fedorov, el popular exministro de Defensa de Ucrania, lanzó el desafío político más fuerte contra Volodímir Zelenski desde el comienzo de la invasión rusa al reclamar elecciones democráticas pese a la vigencia de la ley marcial. Su aparición abre un nuevo frente de tensión dentro del poder ucraniano, en un momento marcado por la guerra, denuncias de corrupción y una creciente disputa por el rumbo del Gobierno.
Fedorov, de 35 años, publicó un video de más de nueve minutos en el que cuestionó duramente la gestión de Zelenski y sostuvo que Rusia no puede convertirse en una razón para mantener a la democracia como rehén. Según el exministro, Ucrania debe encontrar un mecanismo legal y seguro que permita volver a votar incluso mientras continúa la guerra.
La declaración llega apenas unas semanas después de su salida del Ministerio de Defensa, una decisión que provocó protestas en Kiev y profundizó las diferencias entre Fedorov y la conducción política y militar del país.
Una ruptura que se transforma en desafío político
Fedorov fue destituido en julio durante una reestructuración del Gobierno de Zelenski. Su salida generó malestar debido a su popularidad y a la imagen que había construido como uno de los funcionarios más innovadores de la administración ucraniana.
Su gestión estuvo asociada especialmente con el desarrollo tecnológico aplicado a la guerra, la modernización de las Fuerzas Armadas y el denominado Ejército de Drones.
Después de su destitución, Zelenski le ofreció otros cargos dentro del Gobierno, pero Fedorov rechazó esas alternativas y sostuvo que solo consideraría regresar al Ministerio de Defensa.
Ahora su discurso adquirió una dimensión política mucho mayor.
“Rusia no puede tomar como rehén a la democracia”
El argumento central de Fedorov es que la guerra no debería impedir indefinidamente el funcionamiento democrático de Ucrania.
Las elecciones están suspendidas debido a la ley marcial, vigente desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en 2022. El problema es que organizar una elección en las actuales condiciones presenta enormes dificultades: millones de ucranianos viven fuera del país, otros permanecen en territorios ocupados y cientos de miles de soldados se encuentran desplegados en el frente.
Fedorov reconoce esas dificultades, pero sostiene que deben buscarse mecanismos para garantizar el voto.
Su planteo modifica el eje del debate: ya no se trata solamente de cuándo terminará la guerra, sino de cómo preservar las instituciones democráticas mientras el conflicto continúa.
El desgaste de Zelenski
El desafío llega en un momento particularmente delicado para el presidente ucraniano.
Zelenski mantiene el liderazgo del país desde el inicio de la invasión, pero su Gobierno enfrenta críticas por la concentración de poder, la gestión de la guerra y distintos casos de corrupción.
Organismos anticorrupción investigan actualmente a funcionarios y colaboradores vinculados con la Presidencia, lo que aumenta la presión sobre el mandatario.
Fedorov también denunció una “crisis sistémica” y cuestionó el funcionamiento del Gobierno, al que acusó de privilegiar la lealtad política por encima de la competencia y de no resolver problemas estructurales vinculados con la corrupción.
Un posible rival electoral
El reclamo de elecciones adquiere todavía mayor relevancia porque Fedorov aparece bien posicionado en algunos sondeos.
Una encuesta publicada a comienzos de agosto ubicó a Zelenski en el primer lugar de una eventual primera vuelta, con el 17,8% de intención de voto, seguido muy de cerca por el excomandante en jefe Valeri Zaluzhni, con el 17,1%.
Fedorov apareció tercero, con el 10,5%. Sin embargo, el mismo estudio señaló que tanto Zaluzhni como Fedorov podrían imponerse frente a Zelenski en una eventual segunda vuelta.
Esto convierte su reclamo institucional en algo más que una discusión abstracta sobre democracia.
Fedorov podría convertirse en uno de los principales competidores políticos de Zelenski si Ucrania vuelve a las urnas.
El dilema de votar durante una guerra
El planteo del exministro enfrenta un problema real.
Una elección en medio de una guerra plantea enormes dificultades de seguridad y representación. ¿Cómo votarían los soldados que están en el frente? ¿Cómo participarían los millones de ucranianos refugiados en otros países? ¿Qué ocurriría con los habitantes de las zonas ocupadas por Rusia? ¿Cómo se garantizaría una campaña electoral libre bajo ataques militares?
Organizaciones de la sociedad civil ucraniana también han advertido que unas elecciones durante la guerra podrían ser difíciles de organizar de manera plenamente segura, competitiva y democrática.
El debate, por lo tanto, no enfrenta simplemente a quienes quieren democracia con quienes quieren guerra.
Hay una discusión mucho más compleja sobre cómo garantizar elecciones legítimas sin poner en riesgo la seguridad nacional ni beneficiar indirectamente a Rusia.
Una nueva crisis dentro del poder ucraniano
La ruptura entre Fedorov y Zelenski también se produce después de otros cambios importantes en la estructura militar.
Tras la salida del ministro de Defensa, Zelenski terminó reemplazando también al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksandr Sirski, y designó en su lugar al general Mijailo Drapati.
La sucesión de cambios revela una profunda reorganización del poder político y militar en Kiev.
Fedorov, además, había mantenido fuertes diferencias con la conducción militar tradicional y defendía una estrategia de modernización basada en tecnología, drones y nuevas formas de organización.
Su salida no cerró esas diferencias: las trasladó directamente al terreno político.
Zelenski frente a un nuevo escenario
Hasta ahora, Zelenski había logrado sostener una posición de liderazgo prácticamente indiscutida desde el comienzo de la invasión rusa.
La guerra permitió construir una lógica política basada en la unidad nacional y en la necesidad de mantener un Ejecutivo fuerte mientras Ucrania enfrenta a Rusia.
Pero después de más de cuatro años de conflicto, esa fórmula comienza a enfrentar nuevos cuestionamientos.
La aparición de Fedorov introduce una pregunta incómoda para el Gobierno: ¿cuánto tiempo puede mantenerse suspendida la competencia electoral sin afectar la legitimidad democrática del país?
Al mismo tiempo, para una sociedad que continúa bajo ataques rusos, organizar elecciones no es una decisión sencilla.
La guerra y la democracia, frente a frente
El desafío de Fedorov no significa que Ucrania haya dejado de enfrentar una amenaza militar. Rusia continúa atacando territorio ucraniano y el conflicto permanece sin una solución definitiva.
Pero la declaración del exministro muestra que la guerra ya no puede explicar por sí sola todas las tensiones políticas del país.
Ucrania comienza a discutir qué tipo de Estado quiere construir mientras combate y quién debería conducirlo cuando llegue el momento de votar.
La guerra creó las condiciones para una concentración extraordinaria del poder. Ahora, una parte de la dirigencia ucraniana comienza a reclamar que esa concentración tenga un límite.
El reclamo de elecciones de Fedorov puede quedar en una declaración aislada o transformarse en el comienzo de una nueva disputa política. Lo que está claro es que Zelenski enfrenta ahora un desafío diferente al militar: mantener la unidad del país sin que la defensa frente a Rusia termine debilitando las instituciones democráticas que Ucrania afirma estar defendiendo.




