Lo que iba a ser una noche de fútbol copero en el estadio Libertadores de América terminó en un caos total. Hinchas aterrorizados, familias corriendo despavoridas y heridos por todos lados. En Avellaneda, el pánico se apoderó de la cancha, con sirenas de ambulancias tapando los gritos de gol. Una tragedia que dejó a todos shockeados, sin poder pegar un ojo después.
El comienzo de la tensión antes del partido
Desde temprano, el clima estaba pesado alrededor de la cancha. Los hinchas de la Universidad de Chile, que llenaron la tribuna Pavoni alta con más de lo esperado, entraron con armas blancas que burlaron los controles, como se vio en videos que subieron a redes. Cuando los de Independiente ocuparon la baja, empezaron a volar cascotes, butacas quemadas y hasta inodoros desde arriba. Sin red de contención ni mucha policía –solo 650 efectivos y 150 de seguridad privada–, los locales se refugiaron en lo alto para esquivar los proyectiles.
La explosión de violencia en el entretiempo
En el descanso, la barra de Independiente forcejeó un portón para invadir la tribuna chilena. Una bomba de estruendo detonó entre hinchas comunes, y el estadio pidió por altoparlantes que los visitantes se vayan. Pero la barra del Rojo entró igual, cazando a los que quedaban: golpes, robos de ropa y hasta caídas desde 10 metros. Abrieron puertas para que los locales se muevan a plateas, pero el salvajismo ya era imparable. Al final, 90 chilenos detenidos y más de 1.000 invadieron el campo, con robos en el medio del quilombo.
Consecuencias y la investigación en marcha
El chileno Loyola cruzó la cancha para chequear a su familia, posando para fotos pese al drama. La gente tardó en irse, con miedo todavía. Destrozos everywhere, pero lo peor fue lo humano: heridos, pánico y vecinos ayudando con hielo. La UFI Nº4, con Zitto y González, investiga con videos y reportes; hasta las 2:24 AM, 125 detenidos. Una noche que manchó la pelota con sangre, inolvidable para los que estuvieron ahí.




