Trump y los aranceles: ¿castigo o estrategia fiscal?

El 1° de agosto, Estados Unidos lanzó un nuevo paquete de aranceles que sacudió el comercio global, afectando a países como Canadá, Brasil, India y Sudáfrica. Este movimiento, lejos de ser aleatorio, revela una táctica de presión selectiva con fines económicos y políticos. ¿Qué hay detrás de esta jugada?

Aranceles como arma de presión

Donald Trump aplicó aumentos arancelarios a 19 países, con alzas promedio de 9 puntos, destacando casos como Brasil (+40%), Canadá (+35%) y México (+24%). Estos números no son casuales: responden a una lógica de castigo a quienes no se alinean con los intereses de Washington. Por ejemplo, Canadá fue señalada por una supuesta “falta de colaboración” contra el narcotráfico, aunque Trump también apuntó a su postura sobre Palestina. Brasil, por su parte, paga el precio de la persecución judicial a Jair Bolsonaro, aliado del expresidente.

India y Sudáfrica, miembros de los BRICS, también recibieron golpes duros, con aranceles del 25% y 30%, respectivamente. Trump justificó estas medidas con acusaciones de “barreras comerciales” o, en el caso de Sudáfrica, teorías conspirativas sobre un supuesto “genocidio blanco”. Sin embargo, China, otro peso pesado de los BRICS, mantiene un arancel más bajo (10%) mientras negocia, mostrando que la estrategia no es uniforme.

¿Negociar o resistir?

Los países que negociaron con Trump lograron reducir sus aranceles en 9 puntos en promedio, mientras que los que no lo hicieron obtuvieron bajas de 5 puntos. La diferencia, aunque notable, no parece justificar las concesiones que implican sentarse a la mesa con Washington. México, por ejemplo, recibió una prórroga de 90 días para seguir negociando, manteniendo los aranceles actuales.

Más allá del castigo, los aranceles buscan incentivar la relocalización de empresas a EE.UU. Sin embargo, con un promedio de 17 puntos, es poco probable que generen un éxodo masivo de fábricas. Lo más factible es que los costos se trasladen a consumidores o se absorban entre exportadores e importadores, afectando márgenes de ganancia.

El trasfondo fiscal y el riesgo global

El objetivo más inmediato de los aranceles es recaudar. Hasta julio, los derechos aduaneros generaron 152 mil millones de dólares, duplicando lo recaudado el año anterior. La idea es tapar el agujero fiscal de 3.4 billones de dólares causado por recortes impositivos. Sin embargo, las proyecciones indican que los ingresos por aranceles (unos 2 billones en una década) no alcanzarán para cubrir ese déficit, mientras el costo de la deuda pública se dispara, superando el billón de dólares en 2024.

Este enfoque mercantilista no solo tensiona las relaciones comerciales, sino que erosiona la previsibilidad del sistema global. Como decía Robert Keohane, el comercio internacional se sostiene en reglas que reducen la incertidumbre. Trump, con su estrategia de presión y castigo, no propone un nuevo orden, sino que desmantela la estabilidad que permite a los países planificar a largo plazo. El riesgo no es solo económico: es la pérdida de un sistema previsible, reemplazado por la incertidumbre y el caos.