La CGT no se anda con vueltas: la reforma laboral de Milei es un no rotundo si no hay mesa de diálogo. En una reunión caliente en Azopardo con diputados sindicales, definieron cómo bloquear lo que les duele –artículos que pisan convenios colectivos y derechos gremiales–. El oficialismo, avisen, se va a topar con la misma resistencia de siempre si ignora a los laburantes.
Jorge Sola, cotitular de la central, largó la advertencia filosa: “Si no nos llaman, chocarán con la pared de siempre”. Apuntó al ministro Caputo por su silencio sobre la industria en la UIA y exigió que escuchen a inversores y trabajadores. “Los cambios en las reglas laborales no resuelven todo de un día para el otro”, remató, pidiendo un debate real.
La movida incluye guerra en la Comisión de Legislación del Trabajo durante las sesiones extraordinarias, alianzas con gobernadores que no quieren recortes sindicales y una charla clave con la bancada de Pichetto. Ahí estuvieron Palazzo (bancarios), Manrique (SMATA), Siley (SITRAJU), Yasky (CTA) y Moyano (electo), junto a Daer (Sanidad), Lingeri (Obras Sanitarias) y más. Sergio Sasia, de Ferroviarios, tiró autocrítica: “Cometimos errores en la informalidad y campañas contra Milei; ya no somos la columna vertebral del movimiento obrero”. La pelota está en la cancha del Gobierno: ¿diálogo o choque frontal?




