El Gobierno nacional refuerza su discurso positivo en medio de un escenario económico con luces y sombras. Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía Luis Caputo insisten en que “lo peor ya pasó” y que la inflación comenzará a desacelerarse en los próximos meses.
Durante la última semana, ambos asumieron el rol central de voceros del rumbo económico, desplazando incluso al habitual portavoz Manuel Adorni. El mensaje es claro: no habrá cambios en el plan. “Te adaptás o quedás afuera”, sintetizan desde el oficialismo.
En esa línea, Milei defiende la situación actual apoyándose en indicadores como la baja del dólar y del riesgo país, mientras Caputo apuesta a sostener expectativas de mejora a corto plazo. El objetivo es instalar la idea de que la etapa más dura del ajuste quedó atrás.
Sin embargo, los últimos datos muestran un panorama más complejo. La inflación minorista subió al 3,4%, mismo nivel que la mayorista, y el consumo sigue resentido, especialmente en rubros como la carne. Además, crece el trabajo en plataformas, que ya alcanza a más de un millón de personas.
A esto se suma la presión sobre el poder adquisitivo: los salarios avanzan cerca del 2% mensual, por debajo de la inflación acumulada del trimestre, mientras algunos precios clave registran subas importantes.
Desde el Gobierno relativizan estos movimientos y hablan de un “reacomodamiento de precios relativos”. Aun así, reconocen que la desaceleración inflacionaria no será inmediata.
En el frente internacional, la gestión suma respaldos. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, calificó el programa como un “éxito”, mientras que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial avanzan con financiamiento para el país.
El Gobierno apuesta a estos apoyos externos y a la baja del riesgo país para sostener su narrativa, aunque el desafío sigue siendo trasladar esas señales a una mejora concreta en la economía cotidiana.




