La situación en el Estrecho de Ormuz volvió a escalar este sábado. Apenas 24 horas después de anunciar una reapertura parcial, la Guardia Revolucionaria de Irán confirmó que reinstauró un “control estricto” sobre la vía marítima clave para el comercio global de petróleo.

La medida implica, en la práctica, un nuevo bloqueo casi total del paso, lo que impacta directamente en una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Desde Teherán justificaron la decisión como una respuesta al bloqueo naval que, según denuncian, mantiene Estados Unidos sobre sus puertos.

El endurecimiento del control complica los intentos de distensión y enfría cualquier posibilidad de tregua en el corto plazo, en un contexto donde mediadores internacionales buscan evitar una escalada mayor en Medio Oriente.

La tensión quedó expuesta con un episodio reciente: según la Agencia de Seguridad Marítima del Reino Unido, patrullas vinculadas a la Guardia Revolucionaria abrieron fuego contra un buque petrolero que intentaba cruzar la zona. El hecho confirma que el control anunciado no es simbólico, sino operativo, y eleva el riesgo para la navegación comercial.

En paralelo, Irán decidió reabrir su espacio aéreo para vuelos civiles, aunque dejó en claro que el control sobre Ormuz seguirá bajo estricta vigilancia militar hasta que cesen las sanciones portuarias. Con el precio del crudo bajo presión y mayor presencia militar en la región, el foco global vuelve a posarse sobre un punto crítico que sigue lejos de estabilizarse.