Violento operativo durante la protesta

La tradicional marcha de los jubilados frente al Congreso terminó otra vez en represión. Lo que debía ser una jornada de reclamo pacífico por mejores haberes y condiciones de vida derivó en empujones, gases lacrimógenos y detenciones. Entre los arrestados estuvo el sacerdote Francisco “Paco” Olveira, conocido por su compromiso con los barrios populares y por acompañar las causas sociales más postergadas.

Según contaron los manifestantes, todo comenzó cuando un pequeño grupo bajó de la vereda para avanzar unos metros sobre la calzada. La reacción de la Policía Federal fue inmediata. Aplicaron el protocolo antipiquetes con un despliegue que, para muchos, fue innecesario. En medio del operativo, el Padre Paco intervino para asistir a un joven fotógrafo que estaba siendo detenido y terminó él mismo reducido y esposado.

Horas después, ambos recuperaron la libertad. Pero la imagen del cura rodeado de uniformados circuló por redes sociales y generó indignación entre quienes participan cada miércoles de las marchas frente al Congreso. “Podría haberse evitado”, repiten los jubilados, que aseguran que solo buscaban visibilizar su reclamo de manera pacífica.

Una escena que se repite

Las marchas de los jubilados se convirtieron, con el tiempo, en un ritual de perseverancia. Todos los miércoles, desde hace años, se reúnen frente al Congreso para reclamar lo que sienten como un derecho básico: una jubilación que les permita vivir con dignidad. Llegan en colectivo, en taxi o caminando despacio, con pancartas hechas a mano, bombos y banderas argentinas que ya perdieron el brillo.

La represión de esta semana no fue un hecho aislado. En los últimos meses, las protestas de los jubilados se desarrollan bajo una fuerte presencia policial y con un clima de tensión creciente. Para muchos de ellos, la escena es dolorosa: ver cómo se responde con gases y empujones a quienes dedicaron su vida al trabajo y hoy deben salir a la calle para hacerse oír.

El caso del Padre Paco volvió a poner un rostro humano a esa lucha silenciosa. Su detención no solo expuso el exceso de un operativo desmedido, sino que también visibilizó la persistencia de un grupo de adultos mayores que no se resignan al silencio. Cada miércoles, pese al cansancio y a la indiferencia, regresan a la plaza. Llevan su reclamo en la voz y en los cuerpos, como una forma de resistencia, pero también de dignidad.