Después del furor por los therians, una nueva moda se instala entre los más jóvenes: las llamadas “batallas de aura”, competencias donde poses, bailes, gestos y referencias de la cultura pop se convierten en una forma de demostrar carisma frente a los demás.
El término “farmear” viene de los videojuegos y refiere a repetir determinadas acciones para conseguir recursos o ventajas. En este caso, el recurso es el “aura”: una combinación de seguridad, actitud, carisma y capacidad para llamar la atención.
Mewing, movimientos inspirados en Fortnite y League of Legends, gestos de “chad”, bailes virales y referencias a películas y personajes famosos forman parte del repertorio. La lógica es sencilla: quien consigue proyectar mayor actitud, suma aura.
Una competencia que nació en las redes
El fenómeno se expandió principalmente a través de TikTok y otras plataformas de video corto, donde los usuarios comenzaron a enfrentarse en duelos de poses y movimientos. En algunos casos hay jurados; en otros, decide directamente el público.
La recompensa puede ser un premio, pero también algo mucho más propio de la lógica digital: seguidores, visualizaciones y reconocimiento.
La tendencia rápidamente empezó a mezclarse con todo tipo de referencias. Desde las pasadas de Zoolander hasta personajes de videojuegos, memes, futbolistas y figuras de la televisión argentina.
El fenómeno también llegó a espacios físicos. En distintas ciudades aparecieron competencias de aura, encuentros y performances vinculadas a la cultura otaku, los memes y las comunidades digitales.
Del meme al nuevo lenguaje juvenil
Más que una moda aislada, el aurafarming muestra cómo las nuevas generaciones construyen códigos culturales a una velocidad difícil de seguir para quienes están fuera de esas comunidades.
Una pose, un gesto o un baile pueden convertirse en tendencia en cuestión de días, ser reproducidos miles de veces y, poco después, transformarse en algo considerado “cringe” cuando el resto de la sociedad empieza a imitarlos.
Ahí aparece una paradoja interesante: el aura depende de ser visto, pero cuanto más se reproduce, más rápido pierde su carácter especial.
La referencia a Walter Benjamin resulta inevitable. Si la reproductibilidad técnica podía quitarle el “aura” a una obra de arte, las redes sociales parecen hacer algo parecido con el carisma: lo convierten en contenido, lo repiten y finalmente lo desgastan.
Por ahora, la fórmula funciona. Los jóvenes siguen acumulando poses, gestos, bailes y referencias mientras el algoritmo decide cuál será el próximo código viral. Porque en internet, el aura también tiene fecha de vencimiento.




