La carrera de los precios en Argentina sumó un nuevo capítulo. Aunque el índice de inflación general del mes de junio consolidó su tendencia a la desaceleración, la dinámica interna de los precios continúa mostrando una fuerte dispersión. Mientras el promedio general se modera, los bienes regulados y los servicios esenciales siguen corriendo a una velocidad muy superior, castigando el poder adquisitivo de los hogares.

El comportamiento dispar entre los diferentes sectores del consumo marca la pauta de una economía en transición. De acuerdo con las mediciones oficiales y privadas, los ajustes de tarifas y los servicios fijos lideraron cómodamente las subas, compensando la relativa calma que mostraron los productos de consumo masivo.

Los rubros calientes de junio: tarifas, educación y prepagas

La cima de los incrementos mensuales estuvo dominada por el bloque de los servicios regulados. El rubro de Vivienda, agua, electricidad y gas se posicionó como el principal motor de la suba, impulsado por el retiro gradual de subsidios y la actualización de los cuadros tarifarios en todo el territorio nacional.

A este pelotón se sumaron dos sectores clave para la clase media:

  • Educación: empujada por los nuevos cuadros arancelarios autorizados para los colegios de gestión privada.
  • Salud: con ajustes sostenidos en las cuotas de la medicina prepaga y una escalada preocupante en el valor de los medicamentos, que se encarecen por encima del promedio y asfixian los presupuestos de los jubilados y pacientes crónicos.

La contraparte que permitió sostener el índice a la baja fue la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas. Este rubro clave se mantuvo sumamente contenido durante junio, con la única excepción de las verduras y ciertos productos frescos que sufrieron saltos puntuales debido a factores climáticos y estacionales.

¿Qué proyectan las consultoras para el mes de julio?

Para el mes en curso, el consenso de los analistas económicos y las principales consultoras privadas anticipa un escenario de continuidad. Se estima que la inflación de julio oscilará en un rango de entre el 1,9% y el 2%, consolidando el piso técnico en el que se ha asentado el índice general de precios.

Sin embargo, las proyecciones advierten sobre tres factores de presión que marcarán el termómetro de julio: el impacto del receso invernal sobre los precios vinculados al turismo y la recreación, las nuevas actualizaciones programadas en el transporte público de pasajeros y el arrastre de los combustibles. La evolución de las naftas seguirá atada no solo a las decisiones fiscales del Gobierno, sino también a la volatilidad del precio internacional del barril de petróleo.