Cada 27 de octubre, el nombre de Néstor Kirchner resuena fuerte en la memoria argentina. En un momento donde la educación pública está en el ojo de la tormenta, su figura emerge como emblema de un Estado que apostó por reconstruir y fortalecer el derecho a aprender. Más de 20 años después de su llegada al poder, sus políticas educativas siguen siendo un antes y un después: pusieron fin al desarme neoliberal y devolvieron al Estado su rol clave como garante de igualdad.

El punto de quiebre: de la crisis al relanzamiento

Cuando Néstor asumió en 2003, el sistema educativo venía golpeado por décadas de desfinanciamiento, desde la dictadura hasta los 90 con su descentralización y privatización. La Carpa Blanca simbolizaba ese caos. Apenas dos días en el cargo, viajó a Entre Ríos para resolver una huelga docente de meses, pagando salarios adeudados. Ese gesto marcó el tono: un Estado presente, que reequilibró desigualdades sin pisar autonomías provinciales.

Leyes y acciones que transformaron la educación

Bajo el Ministerio de Daniel Filmus, se impulsaron normas pivotales. En 2003, la Ley de Garantía del Salario Docente aseguró fondos nacionales para provincias rezagadas y 180 días de clase. Siguió la Ley de Financiamiento Educativo en 2005, con aportes compartidos, y la Ley de Educación Nacional en 2006, que restituyó al Estado su rol en planificación y supervisión. Se creó el INFD para formar docentes, la Ley de Educación Técnico Profesional y la ESI, que años después demostró su impacto al ayudar a adolescentes a detectar abusos. Además, nació la Paritaria Nacional Docente, un espacio de negociación colectiva que fijó pisos salariales y redujo brechas.

Inversión y herencia a largo plazo

El presupuesto educativo saltó del 3% al 6% del PBI entre 2003 y 2010, con subas reales del 191% hasta 2015, salarios docentes up 650% y fondos universitarios multiplicados por siete. Se abrieron 17 universidades nuevas y el canal Encuentro llevó educación a los hogares. Esta base permitió que Cristina profundizara la inclusión. Hoy, ante ideas de ajuste y mercado, recordar a Néstor es evocar un modelo que vio en la educación pública una inversión en soberanía y dignidad para todos.