Jean-Luc Mélenchon volvió a colocar la crisis climática en el centro del debate político francés con una propuesta que combina una nueva organización territorial basada en “ecorregiones” y la creación de una Guardia Ecologista. El dirigente de la izquierda francesa busca así instalar una discusión sobre cómo debe transformarse el Estado frente a la emergencia ambiental.

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de La Francia Insumisa para disputar el sentido de la transición ecológica.

Para Mélenchon, la respuesta al cambio climático no puede limitarse a pequeñas reformas ni depender exclusivamente del mercado. La transformación, sostiene, debe modificar la forma en que se organiza el territorio, se planifica la economía y se utilizan los recursos naturales.

¿Qué son las ecorregiones?

Uno de los aspectos más novedosos de la propuesta es la idea de reorganizar la planificación territorial a partir de ecorregiones.

El concepto parte de una premisa sencilla: las fronteras administrativas no siempre coinciden con los límites de los ecosistemas.

Un río puede atravesar varias provincias o departamentos. Un bosque, una montaña o una cuenca hidrográfica pueden extenderse por territorios administrados por diferentes gobiernos.

Para enfrentar problemas como la contaminación, los incendios forestales, la pérdida de biodiversidad o la escasez de agua, Mélenchon propone pensar el territorio también desde sus características ambientales.

La idea no implica necesariamente eliminar las divisiones administrativas existentes, sino incorporar una nueva escala para planificar políticas públicas.

La naturaleza como criterio político

El planteo introduce una discusión profunda.

Los Estados modernos fueron organizados históricamente a partir de fronteras políticas, administrativas y económicas.

Pero la crisis climática no respeta esos límites.

Una sequía puede afectar simultáneamente a distintas regiones. Un incendio puede atravesar fronteras. La contaminación de un río puede comenzar en un territorio y producir consecuencias cientos de kilómetros después.

Las ecorregiones proponen, precisamente, que la organización de las políticas públicas tenga en cuenta los sistemas naturales y no solamente los mapas políticos tradicionales.

Para Mélenchon, se trata de incorporar la ecología a la estructura misma del Estado.

Una Guardia Ecologista

La otra gran propuesta es la creación de una Guardia Ecologista.

La iniciativa busca contar con una estructura pública dedicada a la protección y restauración ambiental.

Entre sus posibles tareas se encontrarían la prevención y el combate de incendios, la protección de bosques y ecosistemas, el control de daños ambientales y la intervención ante diferentes emergencias vinculadas con la crisis climática.

La propuesta también coloca sobre la mesa un debate sobre el papel del Estado.

Mientras algunos sectores consideran que la transición ecológica debe quedar principalmente en manos del mercado y de las empresas, Mélenchon plantea una mayor capacidad de intervención pública.

La emergencia climática, según esta visión, requiere instituciones capaces de actuar directamente y no solamente de regular lo que hacen otros actores.

Ecología y empleo

La creación de una estructura de estas características también abre una discusión sobre el trabajo.

La transición ecológica suele ser presentada como una amenaza para determinados sectores productivos.

Pero desde la izquierda francesa buscan invertir esa lógica.

La protección ambiental puede convertirse en una fuente de nuevos empleos vinculados con la restauración de ecosistemas, la prevención de incendios, la gestión del agua, la producción de energías renovables y el cuidado de los territorios.

La pregunta, entonces, no es solamente cómo proteger el ambiente.

También es quién realizará ese trabajo, bajo qué condiciones y con qué recursos públicos.

Una disputa por el futuro

Las propuestas de Mélenchon buscan instalar una discusión que va más allá de Francia.

La crisis climática obliga a los Estados a tomar decisiones sobre energía, transporte, alimentación, producción y organización territorial.

Sin embargo, existen profundas diferencias sobre el camino que debe seguirse.

La derecha suele priorizar mecanismos de mercado, incentivos a las empresas y políticas de adaptación.

Los sectores ecologistas y de izquierda reclaman transformaciones estructurales y una mayor intervención estatal.

Mélenchon se ubica claramente en esta segunda posición.

La ecología como proyecto de sociedad

La propuesta de las ecorregiones y la Guardia Ecologista refleja una idea central del dirigente francés: la transición ambiental no puede ser una política aislada.

Debe atravesar toda la organización social.

Esto implica discutir cómo se producen los alimentos, cómo se distribuye la población, qué tipo de transporte se utiliza y cómo se administran los bienes naturales.

La ecología deja así de ser un tema exclusivamente ambiental para convertirse en una propuesta de reorganización política, económica y territorial.

Un debate que recién comienza

Las propuestas de Mélenchon seguramente generarán críticas y controversias.

Algunos cuestionarán su viabilidad económica y administrativa. Otros discutirán hasta qué punto una nueva organización territorial puede convivir con las actuales instituciones francesas.

Pero la iniciativa ya logró uno de sus objetivos: volver a instalar el debate sobre la crisis climática en un escenario político donde otros temas, como la seguridad, la inmigración y la economía, suelen ocupar el centro de la discusión.

Mélenchon busca demostrar que la emergencia ambiental no es un asunto secundario.

La pregunta que plantea es más profunda: si el planeta y los territorios están cambiando, ¿pueden los Estados seguir organizándose y gobernando exactamente de la misma manera?

Las ecorregiones y la Guardia Ecologista son su respuesta.

La discusión sobre si Francia está dispuesta a avanzar en esa dirección recién comienza.