El diagnóstico es sombrío y el pedido, desesperado. La crisis en las PyMEs industriales ha llegado a un punto de no retorno para miles de establecimientos.
Daniel Rosato, presidente de Industriales PyME Argentinos (IPA), lanzó una advertencia contundente al gobierno nacional: es necesario definir el perfil productivo del país de inmediato para evitar la consolidación de una economía socialmente regresiva.
«Todavía hay tiempo para salvar miles de fábricas», aseguró el dirigente, pero los números juegan en contra. Según el relevamiento de la entidad, el 2025 cerró con la pérdida de 70.000 puestos de trabajo, acumulando una destrucción total de 300.000 empleos registrados desde el inicio de 2024.
La crisis en las PyMEs industriales y el empleo
El informe destaca la consolidación de una «economía de dos velocidades». Mientras los sectores primarios, financieros y exportadores celebran la estabilidad macroeconómica, el tipo de cambio y la baja del riesgo país, la economía real se desangra. La industria, el comercio y la construcción continúan en retroceso, víctimas de un mercado interno deprimido y costos operativos que pulverizan la rentabilidad.
Rosato advirtió que la estabilidad lograda es frágil. Si no se revierte la crisis en las PyMEs, el riesgo es que las «importaciones desleales» sean las únicas capaces de abastecer el consumo que queda, desplazando a la producción nacional.
Pronóstico 2026: ¿rebote o estancamiento?
El economista Federico Vaccarezza aportó una mirada técnica sobre lo que viene. Tras un 2025 que terminó con una inflación del 31,5% y cinco meses de aceleración, el 2026 arranca con una macroeconomía ordenada pero una microeconomía en terapia intensiva.
«La estabilidad se logró al costo de consolidar un cuadro de actividad débil y consumo deprimido», explicó Vaccarezza.
El pronóstico advierte sobre un año sin expansión del mercado interno, la supervivencia de las fábricas dependerá de tres variables críticas: la recuperación del salario real, la administración de las importaciones y la baja de las tasas de interés. Sin un cambio de rumbo, el «rebote estadístico» del año pasado podría transformarse en una recesión crónica.




