Los números finales del año confirman un escenario de frialdad productiva. La industria argentina no logra despegar y muestra síntomas de agotamiento tras el rebote inicial post-crisis. Según el último informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), la actividad industrial en 2025 cerró con una caída del 8,7% interanual en noviembre y, lo que es más preocupante, se mantiene un 9% por debajo de los niveles de 2022.
El Centro de Estudios de la entidad (CEU-UIA) advirtió que el sector atraviesa una fase de estancamiento. Si bien se espera una mejora técnica del 2% para los datos de diciembre (ayudada por la baja base de comparación de los feriados), la realidad estructural muestra que la producción se ubica en volúmenes similares a los de fines de 2024, sin poder consolidar un sendero de crecimiento genuino.
Sectores en rojo: 15 de 16 cayeron
El mapa de la producción es casi completamente negativo. De los 16 rubros que monitorea la UIA, 15 registraron caídas interanuales en noviembre.
El golpe más duro lo recibieron las industrias mano de obra intensivas y las vinculadas al mercado interno:
- Textiles: Se derrumbó un 36,7%.
- Automotriz: Cayó un 23%.
- Metalmecánica: Bajó un 18,6%.
- Calzado e indumentaria: Retrocedió un 17,6%.
La única excepción a la regla fue la refinación de petróleo, que creció un 6,3%, traccionada exclusivamente por el dinamismo de Vaca Muerta, confirmando una economía de «dos velocidades».
Las causas: bolsillo flaco e importaciones
El informe del CEU-UIA es claro al diagnosticar los motivos del freno. La debilidad de la actividad industrial en 2025 se explica principalmente por la caída del consumo masivo (-6,8% en los rubros asociados), que no encuentra piso.
A esto se suma un factor que preocupa a los empresarios: la presión importadora. La apertura comercial, combinada con la falta de competitividad local, está desplazando a la producción nacional en sectores sensibles como textiles, calzado y metalmecánica.
Un rebote que no alcanza
En el acumulado del año, la industria mostró una suba del 2% frente al piso de 2024. Sin embargo, los economistas advierten que es un dato engañoso: al contrastar con 2022, el rezago productivo es de casi dos dígitos. Con inversiones que no terminan de arrancar y un mercado interno deprimido, el 2026 inicia con el desafío urgente de romper el techo del estancamiento.




