El ex presidente Alberto Fernández informó este jueves el fallecimiento de su perro Dylan, a quien definió como “parte de mi vida, dándome lealtad, alegría y ternura”. En su posteo lamentó: “Me regalaste una amistad incondicional que solo algunos humanos me han dado”.
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¿Quién era Dylan en la vida pública?
Dylan, un collie de pelaje blanco y marrón, cobró visibilidad cuando Fernández todavía era precandidato presidencial en 2019. El entonces candidato incluyó al perro en su campaña y, en enero de ese año, creó una cuenta de Instagram dedicada: @dylanferdezok. Allí se compartían escenas de la vida cotidiana entre ambos.
Durante las elecciones primarias de ese año, Fernández lo llevó a una caminata junto a cámaras presentes, convirtiendo al perro en un personaje mediático inesperado de la campaña.
Más allá de su presencia en campaña, la cuenta de Dylan también se convirtió en un espacio público: durante la presidencia de Fernández se mencionó en al menos una controversia donde la cuenta se utilizó para negar que el entrenador del animal obtuviera un cargo público.
Repercusiones y cierre de una etapa
La noticia de su muerte despertó reacciones en el ámbito político y en redes sociales, donde dirigentes, periodistas y usuarios lo recordaron como “el perro presidencial”. Su figura, más allá de lo anecdótico, representó una forma distinta de construir imagen pública: menos solemne, más doméstica.
Para muchos, la partida de Dylan simboliza también el fin de un ciclo político. Fue el compañero inseparable de Fernández y un testigo silencioso de su paso por la Casa Rosada. Con su muerte, se cierra uno de los capítulos más particulares —y más humanos— de la historia reciente del poder argentino.




